Estudio de 35 bujías
- Estudio de 35 bujías
El autor de este poema, Pedro Salinas, fue un reconocido miembro de la llamada Generación del 27. Dicha generación estaba integrada por un grupo de poetas con ideologías comunes. La ideología que compartían se centraba en la necesidad de encontrar un nuevo lenguaje poético y en un gran deseo de renovación. La Generación del 27 se desarrolló en España durante la época vanguardista. Este movimiento surge como oposición a la estética dominante; en la literatura se caracterizó por un distanciamiento de la realidad y por el afán de innovación.
Lectura e interpretación
El poema a analizar es un claro ejemplo de lo anterior, ya que a través de él se percibe la admiración y el placer que siente el hombre ante sus propios progresos. El poeta muestra asombro y satisfacción al descubrir los adelantos y progresos humanos, pues contribuyen a mejorar la vida. Por lo tanto, a través del poema expresa un sentimiento positivo ante la idea de progreso, aludiendo al futurismo.
Al comienzo del texto apreciamos una afirmación clara y rotunda que finaliza con un punto. Esta afirmación inicial es un elemento renovador introducido por el autor con el fin de alcanzar su objetivo: crear un nuevo lenguaje poético. A esta le sucede otra afirmación que continúa hablando de lo mismo. Ambas oraciones hacen referencia a la luz eléctrica y muestran cómo el hombre, en este caso el propio Salinas, podía hacer uso de ella a su voluntad, ya que no era un fenómeno natural sino una invención humana; por lo tanto, podía controlarla.
En este texto podemos ver una personificación cuando se habla de la luz, ya que se dice que ella está «presa», como si se tratase de una mujer. También existe una paradoja entre lo «invisible» que la describe y la afirmación de que «la ve»: esto quiere transmitir que, aunque la luz natural es invisible de día, el poeta la percibe de noche y por eso sabe que existe y está ahí con él. Habla de que está encerrada en su «castillo de cristal», lo cual funciona como metáfora de la bombilla.
Desde el segundo verso en adelante, apreciamos cómo el autor, a través de personificaciones, habla de la luz como de una mujer, como su amada, que vive prisionera. Vive vigilada además por «cien mil lanzas» y «cien mil rayos», imágenes metafóricas que remiten a los rayos del sol y que no le permiten salir durante el día.
Hay también una personificación de esos «rayos», que iluminan el día actuando como si fuesen las lanzas de soldados que vigilan a la mujer —la luz— para que no se escape del castillo. La luz de día está oculta, prisionera, porque con la luz solar no es necesaria; pero al llegar la noche se vuelve imprescindible.
En la segunda parte del texto vuelve la personificación cuando se habla de las estrellas. Se las presenta como espías que aparecen en la noche para observar a través de las ventanas abiertas. Da la sensación de que las estrellas están inquietas durante el día, ansiosas por que llegue la noche para salir y conocer a la luz. Al llegar la noche, cuando las ventanas se cierran, el poeta libera a la luz: la deja escapar de su castillo de cristal. El hecho de que la libere en la noche es muy significativo, ya que la relación que existe entre la luz y el poeta se plantea como una relación amorosa antigua. Aparece de nuevo la construcción sintáctica que ya aparecía en un verso anterior, «la soltaré». Esto indica una acción que venía planeando el poeta y que ahora llevará a cabo. El empleo del verbo «soltar» en este poema es muy acertado, ya que, además de coordinar perfectamente con la idea de que la luz es una prisionera a la que hay que «soltar», recoge la imagen de cómo la luz, al accionar el interruptor, parece salir de golpe, corriendo, como si esperara esa liberación impacientemente.
Aparece en este verso un elemento totalmente innovador: el empleo del paréntesis en poesía. Este paréntesis contiene una acción verbal en infinitivo que explica los versos anteriores.
En cierto momento, la luz que hasta entonces había estado presa caerá. El autor emplea el adverbio de cantidad «toda» para señalar que, en el instante de accionar el botón, de golpe y como por magia, se hará la luz y todo se llenará de ella. El poeta dice que esa luz que había estado prisionera ahora vendrá «a besarme, a envolverme / de bendición, de claro, de amor, pura». Vuelve la personificación: la luz es una mujer que besa y envuelve al hablante con color, claridad, amor y pureza.
Es tal su admiración y orgullo por su nuevo invento que simboliza su felicidad con la imagen del beso de amor. En los versos siguientes habla de su relación con la luz como de una relación amorosa en la que están en una habitación un hombre —el poeta— y una mujer —la luz—. Dice que son «amantes eternos» porque su relación y su dependencia mutua es tan profunda que será duradera.
La luz necesita del poeta para salir de su prisión y él la necesita para ver en la oscuridad. Por eso la llama su «iluminadora musa dócil»: es su inspiración y su guía para poder ver, descubrir y luchar contra los «secretos en masa de la noche». Además, es «dócil» porque no es violenta ni poderosa como puede ser un fenómeno natural; se deja utilizar por el ser humano, es sumisa y no se resiste. En este verso hay una metáfora que alude a todas las cosas que, de noche y con la falta de luz, no podemos ver ni identificar y que representan verdaderos enigmas. De noche y sin luz hay sensación de desamparo e indefensión.
Los últimos versos componen una enumeración descriptiva de la luz. El poeta la denomina metafóricamente «artificial princesa», porque no es natural: es luz creada por el hombre y, a la vez, se presenta como una princesa, una mujer que encarna belleza, dulzura y pureza. En el último verso, mediante otra metáfora, resume lo que para él es la luz: una amada, porque siente por ella admiración, cariño e incluso amor, en el contexto de la idea de progreso que recorre el poema.
Análisis
- Personificación de la luz.
- Metáforas: hombre, castillo de cristal, princesa (evocación de la Edad Media).
- Innovación temática: habla de la luz eléctrica.
- Tono de pequeña alegría ante el progreso.
- Imágenes recurrentes: luz como princesa.
- Castillo = bombilla.
- «Lanzas»: personificación de los rayos de sol.
- «Espías»: personificación de las estrellas.
- Verso libre: no hay esquema métrico fijo.
- Yo lírico presente.
- Demostración del poder humano sobre la luz debido a su condición de invento.
La casa de Asterión: la otra versión de la historia
- La casa de Asterión: la otra versión de la historia
Lectura e interpretaciones
El título es una metáfora: podríamos pensar que se trata de un lugar acogedor; sin embargo, veremos que solo es un laberinto que funciona como prisión para el pobre Asterión.
Así, acompañado por la soledad, espera la muerte.
El laberinto está asociado al infinito; esto se repetirá, y otra característica del relato es la antigüedad del tema.
En el epígrafe ya encontramos la primera metadiegesis.
Diégesis: monólogo del personaje donde expresa su gran soledad.
La voz del personaje se sustituye luego de su muerte por otras voces.
La primera voz sería la del narrador omnisciente y la segunda voz la de Teseo.
El relato comienza in media res: Asterión inicia su discurso cuando ya han pasado varios años de encierro.
En el primer párrafo se nota que, a pesar de estar encerrado en su casa, le llegan ecos de lo que opinan los demás sobre él.
La personalidad de Asterión se caracteriza por la soberbia y la misantropía —es decir, desprecio por el ser humano— y por la locura, aunque él no lo reconozca.
La locura es producto de su soledad. Sabe que fue rechazado por la autoridad real, posiblemente por su propio origen; murió alguien en el momento de su nacimiento y le duele el aislamiento.
Finalmente se pregunta cómo será un redentor, como si quisiera ver la cara de quien lo eliminará. ¿Será un toro, un hombre o un hombre con cara de toro, como el anterior? Habla y, por última vez en el relato, se enfrenta a esa pregunta.
Ahora interviene Teseo cuando dice «¿lo creerás, Ariadna?» El minotauro apenas se defendió, creyendo que un nuevo lugar lo esperaba después de su muerte.
Gracias a la lectura borgiana, Asterión aparece como un monstruo que, por momentos, se vuelve tierno y empatiza con el sufrimiento humano cotidiano.
El móvil: el cambio en los planes de venganza
- El móvil: el cambio en los planes de venganza
El narrador relata una historia que sucedió hace veinte años; solo tiene las pistas que Montes le había dado: los tatuajes y el brazo azul en un barco rumbo a Marsella.
En el barco se encuentran tres argentinos: Lamas, Petrona y Pereira. Pereira es el primer sospechoso; Lamas le pide a una mucama que los espíe para ver si alguno tiene el tatuaje. Esa noche descubre que Petrona se mete en el cuarto de Pereira y comienza a sospechar. Cuando llegan a Marsella, el narrador invita a Pereira a su camarote; celoso por el vínculo con Petrona, lo mata y lo arroja por la ventana. Luego se encuentra con Lamas y hacen un trato. Lamas lo acomoda con sus amigos franceses por tres años.
El culpable fue Lamas, no Pereira.
El personaje se había planteado vengarse de Lamas por la traición, pero cuando Pereira y su mujer cambian el móvil, termina vengándose y matando a Pereira.
Junto con Lamas hicieron un trato; el personaje identifica al asesino de su amigo pero, por los códigos, considera más importante hacerse respetar y reivindicar su orgullo asesinando al que se metió con su mujer. Asesina a traición, rompe uno de los códigos para proteger al otro y empatiza con el asesino de Montes por encontrarse en una situación semejante.
Fue humillado; le pesa el orgullo y la pérdida de dignidad. No podía quedar como cobarde: era, desde su perspectiva, una cuestión de honor y justicia.
Códigos
- La mujer de uno se respeta: no se la toca.
- Intereses y venganzas en juego: «A Montes lo mataron… intereses».
- No se mata a traición: morir a traición, por la espalda, no es aceptable; debe haber enfrentamiento.
- «Lo que yo sé es el que Montes… eso no se perdona» (código del honor).
Definición y características de las vanguardias
- Definición y características de vanguardias
Con este nombre en plural se conoce a un conjunto de movimientos artísticos que revolucionaron el panorama cultural en las primeras décadas del siglo XX.
La palabra vanguardia deriva del francés avant-garde, expresión con la que se hacía referencia a las tropas que se adelantaban al cuerpo de ejército. El rasgo fundamental de las vanguardias es el antitradicionalismo.
- Antitradicionalismo. Cuestionaron de manera radical, casi sin excepciones, la tradición artística occidental.
- Internacionalismo (cosmopolitismo). Si bien las vanguardias comparten con el romanticismo el rechazo a la sociedad en la que vivían, se diferencian en que propician una postura internacionalista.
- El arte deja de ser representativo. El arte pasa a ser su propio significado.
- Función transformadora del arte. Las vanguardias cuestionaron el lugar que ocupaba el arte dentro de la sociedad burguesa —el entretenimiento y la diversión— y buscaron que el arte tuviera un potencial más transformador para servir a la vida.
La renovación narrativa: argumento y personajes
El argumento
Lo importante ya no es la narración de una sucesión de aventuras. En muchas novelas de la época el argumento queda reducido al mínimo: la trama suele ser una excusa para volcar reflexiones del autor a través de los personajes. En resumen, ahora interesa más el cómo se cuenta que el qué se cuenta. Por otra parte, las fronteras de los géneros se difuminan y es habitual encontrar en las novelas de principios de siglo componentes líricos (pensemos en algunas novelas de Valle-Inclán y, sobre todo, en el carácter sinfónico o musical de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust). Incluso se da cabida a elementos no narrativos, como anuncios publicitarios, informes policiales o artículos periodísticos. Quizá la obra más revolucionaria en este aspecto fue Manhattan Transfer (1925) de John Dos Passos.
Los personajes
- El protagonista de la nueva novela deja de ser un héroe novelesco; ahora se prefieren antihéroes reconocibles, individuos normales y corrientes, en ocasiones problemáticos y nada ejemplares. Kafka será uno de los narradores preocupados por narrar la existencia de hombres comunes, insignificantes, ninguneados por la sociedad deshumanizadora: el ejemplo máximo es Gregor Samsa, protagonista de La metamorfosis.
- En otras novelas se opta por el protagonismo colectivo, que refleja el bullicio de la ciudad moderna, como sucede en obras contemporáneas entre sí: Berlin Alexanderplatz de Alfred Döblin y Manhattan Transfer de John Dos Passos.
- Por otro lado, es habitual que los novelistas, en su deseo de limitar el saber del narrador, cedan la voz a sus criaturas para expresar su mundo interior, ya sea mediante monólogos o con diálogos (como las extensas discusiones filosóficas entre Hans Castorp, Naphta y Settembrini en La montaña mágica de Thomas Mann). En definitiva, los personajes se definen por sus actos y por sus palabras, no tanto por los paréntesis descriptivos del narrador.
