Introducción a la antropología y evolución humana


Introducción a la antropología

En el siglo XVIII, el filósofo Immanuel Kant sostuvo que toda la filosofía es, en último término, antropología, pues el ser humano es objeto de estudio de toda investigación filosófica. Así, cuando la filosofía es metafísica, se ocupa de la realidad concebida como aquello que rodea al ser humano. Cuando la filosofía se torna epistemología, estudia el conocimiento humano: sus formas, sus objetivos, sus posibilidades de alcanzarlos y sus límites. Por último, la ética y la filosofía política se centran en los principios de la conducta humana y de la organización de las sociedades también humanas.

Las dimensiones del ser humano

El ser humano es pluridimensional. Puesto que todas las facetas humanas han de ser atendidas, la antropología distingue tres áreas de investigación:

  • La antropología física se ocupa de la dimensión biológica del ser humano.
  • La antropología social o cultural estudia la vertiente social o cultural del ser humano.
  • La antropología filosófica se centra en el origen y la esencia del ser humano.

El método de investigación en antropología:

La antropología física está íntimamente ligada a la biología, a la paleontología y a la arqueología y, por tanto, su método es deudor del que emplean estas ciencias.

La antropología filosófica, es una disciplina filosófica y, como tal, emplea los métodos propios de la filosofía.

La antropología social o cultural es la única que dispone de un método propio, que se divide en dos partes:

  • Trabajo de campo. El investigador convive durante largos períodos de tiempo con quienes van a ser su objeto de estudio y se mimetiza con el entorno. Sin embargo, no debe olvidar que, en realidad, no forma parte de él, que está allí para investigar.
  • Observación participante. El investigador registra todo cuanto ocurre que sea relevante para su investigación, pero no lo hace como un observador neutro, sino como alguien que está implicado en aquello que ocurre y de lo que es parte integrante. Este hecho singular debe tenerse en cuenta a la hora de analizar los datos obtenidos.

En el siglo xx, los antropólogos estadounidenses Kenneth Pike y Marvin Harris introdujeron la estrategia metodológica de distinguir siempre dos perspectivas a la hora de describir un determinado hecho social. Una descripción emic se realiza desde el punto de vista del nativo de la cultura estudiada. La descripción etic, se lleva a cabo desde el punto de vista del observador externo, aunque implicado.

Si se efectúan y se contrastan las dos descripciones, se logra neutralizar parcialmente la influencia del observador participante en el hecho observado y se puede alcanzar una comprensión relativamente neutral que es posible universalizar.

La antropología cultural descansa en dos principios fundamentales: Principio de diversidad cultural. Ninguna cultura es superior a otra. De este modo, se combate el etnocentrismo y se fomenta una actitud tolerante hacia culturas distintas de la del investigador. La diversidad cultural es un bien que la humanidad debe preservar. Principio de unidad psíquica de la humanidad. Establece que las capacidades cognitivas del ser humano son esencialmente iguales en todos los individuos de la especie. Las diferencias que puedan existir, salvo caso de enfermedad, son culturales. Se erradica así de la antropología toda forma de racismo.

El origen del ser humano y su evolución

El fijismo sostiene que las especies biológicas que conocemos hoy no han experimentado cambios desde su origen.

El creacionismo, de raíz teológica, defiende la idea de que todas las especies biológicas fueron creadas por Dios. También mantiene, con el fijismo, que estas han permanecido inalteradas desde su aparición hasta nuestros días.

En el siglo XVIII, algo empezó a moverse en el seno de la biología,

Carl von Linneo, un importante naturalista, botánico y zoólogo sueco, diseñó un procedimiento que permitía clasificar las especies biológicas. Para realizarlo, se basó en la combinación de varios criterios taxonómicos. Según estos, cada ser vivo pertenecería a un reino determinado y, dentro de este, sucesivamente a un orden, una familia, un género y una especie. Utilizando esta nomenclatura pudo clasificar unas 8 000 especies animales y 6 000 vegetales.

Linneo compartía las tesis fijistas, pero su clasificación permitía tomar conciencia de los parentescos entre distintas especies. Este hecho, unido a la proliferación de expediciones científicas durante el siglo XIX, promovió la aparición de nuevas ideas que acabarían por derribar definitivamente el fijismo como doctrina dominante.

El transformismo de Lamarck

El primero en proponer una teoría evolucionista con una base relativamente sólida fue el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck, quien, a principios del siglo XIX, ideó una teoría que explicaba la biodiversidad existente.

Esta se basaba en dos ideas fundamentales:

  • Los organismos más simples llegan a la existencia por generación espontánea.
  • En todos los seres vivos existe una tendencia a la perfección.

En su propuesta, conocida como transformismo, Lamarck explicó que los organismos más complejos han evolucionado a partir de formas de vida más simples, pues su tendencia a la perfección provoca que quieran adaptarse al medio modificando su propia estructura y funcionamiento.

Resumió esta idea con la siguiente expresión: «La necesidad crea el órgano». Dicho en otras palabras, los individuos experimentan cambios orgánicos con la finalidad de adaptarse mejor a las exigencias del medio natural. Estos cambios adaptativos cumplen también con dos requisitos:

  • Siempre deben dar origen a organismos más complejos.
  • Se perpetúan al transmitirse hereditariamente de padres a hijos.

El darwinismo y la teoría sintética

En el siglo XIX, Charles Darwin publicó El origen de las especies, donde exponía las conclusiones de sus investigaciones, que lo conducían a defender las tesis evolucionistas. Su originalidad radica en el principio explicativo que propuso para arrojar luz sobre el proceso evolutivo de las especies biológicas: la selección natural.

Según Darwin, todas las especies biológicas tienden a la superpoblación. Al tener que abastecerse de los mismos recursos, los individuos de una misma especie comienzan una lucha por la supervivencia de la que solo salen victoriosos los mejor capacitados.

Esta victoria se traduce en una mayor oportunidad para transmitir por herencia sus propios caracteres. Así, las variaciones anatómicas o fisiológicas ventajosas resultan seleccionadas de manera natural y se extienden a la totalidad de la especie.

A diferencia de Lamarck, Darwin propuso que es la especie la que se adapta al medio, no el individuo. Además, en su explicación no se presupone ninguna tendencia a la perfección por parte de los organismos. Los cambios que llevan a la aparición de una nueva especie se producen por azar. La evolución obedece a un procedimiento puramente mecánico, carente de intencionalidad y finalismo.

Con Darwin la biología adquirió un potencial explicativo similar al que ya poseían otras disciplinas científicas, como la física o la química. Sin embargo, había implicaciones importantes de la teoría de la evolución para las que no tenía una respuesta apropiada. Entre estos inconvenientes cabe destacar:

  • La incapacidad para explicar adecuadamente la aparición, al azar, de pequeñas variaciones anatómicas o fisiológicas en algunos individuos de una especie que los sitúan en ventaja con respecto a los demás.
  • La ignorancia de los mecanismos que permiten que estas pequeñas variaciones se transmitan de padres a hijos.

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