11.1 Miguel Hernández, no pertenece a la generación del 27 ni tampoco a ninguno de los movimientos de posguerra. Pero su figura es imprescindible en la poesía de este siglo.
Temática, es breve pero rica: · Elementos de la naturaleza: luna, el gallo, el espantapájaros, el barro, etc · Utilización simbólica de todo cuanto ve. El toro, símbolo de la virilidad, amor pasional o fuerza. · El tema por excelencia es el amor. Amor, que abarca la vida y la muerte. Amor apasionado cuando piensa en su novia; fraternal cuando piensa en sus amigos; panteísta, cuando se dirige a la naturaleza; solidario cuando se dirige a las gentes del pueblo, etc.
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Su obra está relacionada con su formación como lector en su juventud y con cómo cambiaron sus ideas. No tuvo una formación específicamente poética, pero sí tenía mucha cultura porque leía mucho y de forma constante.
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Su primer libro fue Perito en Lunas. En él, Miguel aprende a usar metáforas complejas (como las de Góngora) para convertir la realidad en poesía y hacer que lo cotidiano parezca algo más elevado. Después de este libro, sigue leyendo a autores barrocos como Calderón, lo que influye en su obra Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras.
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En su libro El rayo que no cesa se ve una aproximación al Surrealismo. Aparecen fuentes tradicionales de la poesía erótico-amorosa. El soneto, su estrofa más utilizada, es vehículo del sentimiento amoroso en este libro y aparecen por primera vez los signos de la poesía proletaria, palabras como: tierra, árbol, toro, sangre…Creando un mundo vitalista de símbolos.
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El comienzo de la guerra provoca en el autor una poesía más pesimista, íntima y con preocupaciones sociales. Sus libros Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias tratan estos temas de forma más universal y menos directa. Aquí se mezclan distintos tipos de poemas: populares, cultos y amorosos.
LA INMEDIATA POSGUERRA Y LOS AÑOS 40
La Guerra Civil rompíó la cultura española. La destrucción y la necesidad de sobrevivir hicieron que la literatura dejará de ser importante. Además, la propaganda y la censura limitan la creatividad. Muchos poetas murieron o se exiliaron, por lo que el ambiente cultural se volvíó pobre y limitado. Para situarnos en la poesía inmediata de posguerra hemos de hacer una división: · Los poetas del exilio · Los de dentro de España, que a su vez están: -Los vencedores, cultivadores de la poesía neoclásica. -Los vencidos, cultivadores de la poesía existencialista. -Corriente vanguardista que surge a finales de los 40
LA POESÍA NEOCLÁSICA ARRAIGADA
En la España de posguerra surge la poesía arraigada o formalista, que refleja la ideología del régimen mostrando un mundo ordenado y armonioso, ignorando los críMenes de la dictadura. Usa métrica clásica ( soneto), por eso también se llama poesía neoclásica, y trata temas como el amor idealizado, la patria, la religión y una visión optimista ligada al orden establecido. – Revista Escorial (1940-1950): Comenzó como propaganda del régimen, luego sus colaboradores hicieron poesía más íntima, realista y profunda. Tenía secciones como Ensayo, Poesía y La vida del espíritu. – Revista Garcilaso (1943-1946): Dirigida por José García Nieto, continuó la línea de Escorial y dio origen al garcilasismo, el primer movimiento poético de posguerra. Se inspiraba en Garcilaso como poeta amoroso y héroe español. Sus poemas incluían reminiscencias del cancionero, pasión religiosa, amor por la ausencia, melancolía y paisajes ROMánticos.
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Luis Rosales empieza escribiendo como la poesía arraigada, pero luego usa versos más libres y domina el versículo. Su poesía muestra influencia del Surrealismo y es más introspectiva.
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Su libro más famoso, La casa encendida, convierte la poesía en un espacio de reflexión moral, memoria y búsqueda de sentido y simboliza el pasado y su identidad. Destacan su manejo del versículo y metáforas e imágenes brillantes, influenciadas por el Surrealismo.
LA POESÍA EXISTENCIALISTA DESARRAIGADA
1944, destacan 3 hechos para la poesía de posguerra, aparecieron manifestaciones contra el neoclasicismo: – Revista Espadaña: Nacíó como reacción contra los garcilasistas. Los redactores: Eugenio de Nora y Victoriano Crémer y publicaron poemas de Vallejo, Neruda, Miguel Hernández, Blas de Otero, entre otros. – Hijos de la Ira, Dámaso Alonso: Trata temas de la Guerra Civil y cuestiones existenciales como angustia y soledad.Lenguaje cotidiano y directo, mostrando la realidad. – Sombra del Paraíso, de Vicente Aleixandre: Parte de la tierra dolorida, pero en lugar de gritar como Alonso, Aleixandre se dirige hacia la nostalgia de un paraíso perdido.
LA POESÍA VANGUARDISTA
En los años 40 surgen dos movimientos que ofrecen una voz distinta a la poesía neoclásica y existencialista: – Postismo : Publicaba las revistas Postismo y La Cerbatana, pero solo salíó un número por la censura. Buscaba una poesía imaginativa y experimental, rompiendo con la poesía formal con humor y lenguaje lúdico para sorprender. -Grupo Cántico: Crearon la revista Cántico y buscaban una “tercera vía”, conectando con la Gen del 27 pero alejados de Espadaña y Garcilaso. Su poesía era íntima, refinada creando paisajes sensoriales y versos largos, temas variados.
11.2. LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS 50: BLAS DE OTERO Y GABRIEL CELAYA. La poesía social surgíó a finales de los años 40 y fue muy importante en los años 50. Su objetivo era denunciar las injusticias y hacer que la gente tomara conciencia de los problemas de la sociedad. Los poetas compartían un compromiso ideológico y escribían con un lenguaje sencillo y cercano, sin complicaciones ni adornos, para que todos pudieran entenderla y sentirla.
Los temas tienen que ver con la solidaridad, con la injusticia, con la libertad.. El tema de en España, la Guerra Civil estará siempre presente.3 poetas destacan en esta poesía:
José Hierro destacado de los años 50, comenzó con poesía testimonial, reflejando el paso del tiempo y las pérdidas (Tierra sin nosotros). Luego se acercó a la poesía social, usando la poesía como conocimiento de la realidad y del ser interior (Cuanto sé de mí). En su última etapa, en libros como Libro de alucinaciones y Cuaderno de Nueva York, sus poemas hablan poco de emociones y a veces son difíciles de entender.
Blas de Otero, recurre a formas clásicas de expresión, como el soneto. Su evolución es significativa:
– POESÍA EXISTENCIAL. Empieza con la esperanza en Dios, mostrando la soledad y angustia del hombre ante la muerte. El poeta se siente abandonado, dirige preguntas desesperadas a Dios y enfrenta su silencio, como se ve en Cántico espiritual y Ángel fieramente humano.
Luego busca humanismo, amor y contacto con los demás, especialmente en Redoble de conciencia. Finalmente, en Ancia, combina sus obras
anteriores y muestra un camino de redención y solidaridad, centrado en el aquí y ahora.
– POESÍA SOCIAL. A partir de los años 50,se centra en la poesía social, sin perder la belleza de la forma y la palabra artística. Su poesía busca conectar con los “otros”: “Definitivamente, cantaré para el hombre”. Sus versos destacan dos ideas clave: la palabra, que permite a todos expresar su protesta, y la paz, para que España viva sin injusticia ni muerte. Libros representativos de esta etapa son Pido la paz y la palabra, En castellano y Que trata de España.
Gabriel Celaya, se centra principalmente en la poesía social. Publica Lo demás es silencio, una versión poética del humanismo marxista, que fue mal interpretada por los lectores. Su obra Cantos íberos marca la cima de la poesía social, siendo su primer libro con compromiso ideológico y un grito rabioso por España escrito en lenguaje cotidiano.
Estos poetas son los máximos representantes de los años 50, aunque hubo muchos más.
9.3. LA NOVELA LOS AÑOS 60 Y PRINCIPIOS DE LOS 70
Los años 60 se caracterizan por la pérdida de la historia. Interesa más la técnica que el argumento: El narrador interviene con un tono paródico en algunos casos; la historia se cuenta no solo por la tercera persona sino por medio de la primera y por la segunda; se rompe la linealidad temporal: hay saltos atrás…; el monólogo interior expresa el fluir de la conciencia del personaje y sus conflictos más íntimos pero como dicha conciencia no tiene orden el lenguaje tampoco; se manifiesta la riqueza lingüística a través de creación de nuevos vocablos y se le da importancia de los aspectos visuales.
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Desde el punto de vista del contenido, la novela de posguerra había mostrado inicialmente un fuerte compromiso con la realidad, especialmente con las consecuencias de la Guerra Civil, que oprimían al individuo. A partir de los años sesenta el contenido deja de ser lo esencial y los autores se interesan principalmente por la forma de narrar. Aparecen recursos: – El argumento: el novelista renuncia a contar una historia cerrada con planteamiento, nudo y desenlace. El relato suele aparecer fragmentado y exige la participación activa del lector, que debe reconstruir el sentido de la obra. En ocasiones la historia desaparece casi por completo; en otras, el argumento es mínimo y sirve como punto de partida para reflexiones de carácter intelectual. Puede ocurrir que el motivo central de una novela es cómo se hace una novela (Los monederos falsos, André Gide) o (La colmena, Cela). – Los personajes: parece no interesar al narrador y de él sólo nos ofrece unos pequeños rasgos fundamentales. Frente a esto surge la figura del personaje colectivo, en el que el protagonista individual ha sido sustituido por un conjunto de seres. A diferencia de la novela del Siglo XIX, donde los retratos individuales eran fundamentales, en la nueva narrativa los personajes interesan sólo como parte del conjunto, como ocurre en La montaña mágica de Thomas Mann o en El Jarama, donde se observa la indefinición de los protagonistas. – El tiempo y espacio: los novelistas prestan gran atención al problema del tiempo. Se abandona el tiempo cronológico y se concede gran importancia a la memoria, de modo que el relato avanza mediante continuos saltos temporales. Se usan técnicas como el fundido, la fragmentación en planos o la división en secuencias.
– El narrador: Junto a la primera persona, muy utilizada por su capacidad para reflejar la angustia y las contradicciones del hombre moderno, se transforma profundamente la tercera persona. Se reivindica la imparcialidad del narrador, que actúa como una cámara cinematográfica y se limita a mostrar lo que ve, dando lugar a las llamadas técnicas behavioristas, basadas en la observación externa de los personajes. La mayor novedad es la aparición de la segunda persona narrativa, frecuente en novelas de carácter confesional, en las que el protagonista se dirige a sí mismo. También se desarrolla el enfoque multivisional, que consiste en narrar un mismo acontecimiento desde distintos puntos de vista.
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La novela actual es el resultado de múltiples influencias: Ulises de James Joyce introduce el monólogo interior; la Generación Perdida renueva la concepción del tiempo y el espacio; Franz Kafka incorpora el absurdo; Marcel Proust y Thomas Mann profundizan en la investigación del tiempo; el objetivismo francés recupera el mundo de los objetos; y la novela social impulsa el neorrealismo italiano y el Realismo social español.
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En estos años se abandona el Realismo como medio de denuncia directa y se prioriza la dimensión estética de la novela, sin renunciar del todo al compromiso. En este sentido cobra gran importancia la obra Tiempo de Silencio de Luis Martín Santos que cierra la etapa social-realista y abre nuevos caminos mediante una concepción culta de la novela, el subjetivismo narrativo, el humor, la ironía y el uso de formas innovadoras.
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Influyen también factores externos como el desarrollo económico, el contacto con intelectuales extranjeros, la aparición de jóvenes escritores que no vivieron la guerra y la presencia de autores hispanoamericanos como Vargas Llosa. Ejemplos:
– Camilo José Cela: San Camilo, 1936, y Oficio de tinieblas.
– Juan Goytisolo: Señas de identidad, Reivindicación del conde don Julián, Juan sin Tierra.
– Juan Benet: Una meditación, Saúl ante Samuel.
– Alfonso Grosso: Inés Just Comino, Guarnición de silla, Florido Mayo.
9.2. La novela de los años 50: la novela del Realismo social
La llamada Generación del 50 o de medio siglo agrupa a autores nacidos en fechas cercanas que publican en los años 50-60, comparten espacios literarios y una visión similar. Se centran en los problemas de la sociedad española, denunciando injusticias y usando la literatura con intención crítica, aunque sin vincularse a partidos políticos. A esta corriente se le critica haber descuidado la forma y el lenguaje en favor del contenido social.
Dentro del Realismo social hay dos tendencias:
Realismo social
Denuncia directa de las injusticias (Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Armando López Salinas, Alfonso Grosso, Antonio Ferres, Juan Marsé, Francisco Candel).
Neorrealismo: enfoque más humanista de la realidad social (Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos).
Camilo José Cela y La colmena
La colmena es su obra más importante y marca el inicio de la novela de los años 50. Presenta la vida cotidiana en Madrid con una visión pesimista, tratando temas como el hambre, el sexo, la pobreza o la hipocresía. No hay un protagonista único, sino muchos personajes. Destaca el uso de técnicas cinematográficas y la importancia de la descripción.
Miguel Delibes y El camino
El camino refleja la vida rural de posguerra desde una visión fiel y crítica, centrada en Castilla. Narra los recuerdos de Daniel antes de irse a estudiar, abordando temas como la infancia, la naturaleza y la muerte. Delibes busca una literatura accesible que invite a reflexionar y dé visibilidad al mundo rural.
Rafael Sánchez Ferlosio y El Jarama
El Jarama es un ejemplo de neorrealismo y técnica conductista. Presenta una acción mínima (un día junto al río), con tiempo y espacio reducidos y protagonista colectivo. Destaca el uso del diálogo y técnicas cinematográficas para mostrar a los personajes.
9.1. La novela en los años 40: novela nacionalista, existencial y tremendista La narrativa en el exilio
La novela de los escritores exiliados mezcla Realismo y vanguardia. Destacan Ramón J. Sender, autor de Réquiem por un campesino español, sobre un joven fusilado en la Guerra Civil, y Max Aub con Campos, donde narra la guerra desde un enfoque autobiográfico.
La novela en los años 40
Los años 40 suponen una ruptura con la literatura anterior y presentan varias tendencias como la novela nacionalista, el existencialismo y el humorismo.
Novela nacionalista, tremendismo (Camilo José Cela) y novela existencial (Carmen Laforet)
La novela nacionalista refleja la ideología de los vencedores, defendiendo valores tradicionales como la familia y la religión. Destacan Gonzalo Torrente Ballester con Javier Mariño y Rafael García Serrano con su trilogía (Plaza del Castillo, La fiel infantería, La ventana daba al río). También existen novelas humorísticas y tradicionales (centradas en la burguésía y con técnicas clásicas), como La ceniza fue árbol de Ignacio Agustí.
Camilo José Cela y La familia de Pascual Duarte
La familia de Pascual Duarte inaugura el tremendismo, mostrando la parte más dura y violenta de la sociedad. El protagonista, condenado a muerte, cuenta su vida marcada por la tragedia (incluido el asesinato de su madre). La obra presenta dos narradores (Pascual y el transcriptor) y mezcla Realismo y picaresca. Es una autobiografía donde el protagonista justifica sus actos por su mala vida. Destacan la crudeza del lenguaje y la descripción de personajes.
La novela existencial (Carmen Laforet)
Carmen Laforet destaca con Nada (1944), que la llevó a la fama, junto a otras obras como La isla y los demonios, La mujer nueva y La insolación. Nada refleja la pobreza y el estancamiento de la posguerra, así como la crisis de la burguésía.
Resumen de Nada
Andrea llega a Barcelona para estudiar, pero se decepciona al vivir en casa de su abuela, marcada por la pobreza, la violencia y el conflicto familiar. En la universidad conoce a Ena, quien le muestra otra visión del mundo. La obra refleja su proceso de maduración en una sociedad opresiva.
Estilo de Nada
La novela crea una atmósfera asfixiante con una prosa intimista y descriptiva de Barcelona. Predomina la subjetividad, la descripción y el uso de comparaciones.
Argumento de Nada
Ambientada en la Barcelona de posguerra, muestra el desengaño de Andrea ante una sociedad conservadora y limitada para la mujer. Vive entre dos mundos: la casa familiar (violencia y miseria) y la universidad (libertad). La historia está narrada en primera persona desde una Andrea más madura, reflejando una visión existencialista de la vida.
