La Génesis del Movimiento Obrero
A pesar de las duras condiciones de vida y de trabajo, no fue hasta 1868 cuando surgió una toma de conciencia que dio inicio al movimiento organizado de las clases trabajadoras. El movimiento obrero en España pasó por dos etapas separadas por el Sexenio Democrático.
Hasta 1868, se desarrolló en pocas zonas y tuvo escasa repercusión, en gran medida por la reducida industrialización del país. A partir de este año, se reconoció la libertad de asociación y penetró en España la influencia de la I Internacional. En este periodo se inició la agitación social bajo la doble influencia ideológica del anarquismo y del socialismo.
Condiciones Laborales y Primeras Reformas
Las condiciones de trabajo eran muy duras. Las jornadas laborales iban desde las 24 horas seguidas, como ocurría en Altos Hornos de Vizcaya, hasta una media de 12 a 14 horas. Estas se vieron reducidas a 10-12 horas tras la primera reforma legislativa de 1900, que inauguró las reformas laborales de la primera década del siglo XX.
La Comisión de Reformas Sociales, creada en 1883 para analizar las condiciones de vida de la clase trabajadora, mostró las escasas medidas de higiene y seguridad en el trabajo, así como las enfermedades profesionales que se iban detectando en las fábricas. A ello se sumaba una deficiente alimentación, con apenas 3,5 pesetas diarias para subsistir.
Los Primeros Movimientos Sociales
Hasta el último tercio del siglo XIX, la lucha obrera se plasmó en movimientos de protesta de carácter espontáneo. El primer episodio de lucha obrera sucedió en Alcoy en 1821 con la destrucción de máquinas de hilar introducidas dos años antes. Este tipo de acciones de carácter ludita volvieron a suceder en Barcelona en 1854 y, de forma más violenta, en 1835, cuando los obreros y sus mujeres asaltaron la fábrica textil de los hermanos Bonaplata y destruyeron las máquinas spinning, que hilaban con mucha mayor rapidez y amenazaban su trabajo.
La lucha contra el maquinismo fue también la causa de la primera huelga de la historia de España en el verano de 1854, o la de las cigarreras de La Coruña en 1857, quienes destruyeron las máquinas de hacer cigarrillos. En 1840 se constituyó en Barcelona la Asociación Mutua de Obreros de la Industria Algodonera, con orientación mutualista y benéfica. Pedían el derecho de asociación (no reconocido hasta 1869) y mejoras salariales. A este movimiento le siguieron núcleos en Bilbao, Asturias o enclaves mineros como Riotinto, Linares o La Unión.
En el mundo rural, el malestar social se materializó en el motín o algarada, en el que grupos de jornaleros sin trabajo y hambrientos asaltaban hornos u ocupaban tierras.
El Desencanto Obrero con los Partidos Tradicionales
Los partidos progresista y demócrata apoyaron las demandas obreras, pero sobre todo fue el republicanismo la tendencia más identificada con la causa obrera hasta el año 1874. Por esta razón, tras el triunfo de la Revolución de 1868, se reconoció por primera vez el derecho de reunión y de asociación.
Sin embargo, los obreros se sintieron desencantados con la política tradicional y se decantaron por las ideas revolucionarias, anarquistas y socialistas de filiación netamente obrerista, alejándose de la tutela republicana.
El Triunfo de las Ideologías Obreras desde 1868
La primera ideología social fue el socialismo utópico, pero la base del movimiento obrero se asentó en el marxismo y el anarquismo.
El Marxismo
El marxismo sostiene que existe una lucha de clases entre la burguesía (propietaria de las fábricas y medios de producción) y los obreros o proletariado. Marx proponía que los trabajadores llevaran a cabo una revolución para destruir el capitalismo y tomar el poder. Tras una fase de dictadura del proletariado, se establecería la sociedad comunista, sin clases sociales ni propiedad privada, donde el Estado desaparecería. Marx defendió la intervención de las organizaciones y partidos obreros en la lucha política.
El Anarquismo
Los anarquistas se oponían al Estado y aspiraban a sustituirlo por asociaciones voluntarias. Rechazaban la política, los partidos políticos y la participación en elecciones.
La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)
En 1864 se creó la primera AIT, que desapareció pocos años después por los desacuerdos entre socialistas y anarquistas. Gran parte de los miembros (especialmente delegados suizos, españoles e italianos) formaron una Internacional antiautoritaria. Tras la escisión, la organización decayó hasta su disolución en 1876. Posteriormente, en 1889, se fundó la Internacional Socialista (II Internacional).
La Introducción del Internacionalismo en España
Aunque la primera influencia procedió del socialismo utópico, el movimiento obrero español se inclinó a partir de 1868 hacia el anarquismo de tendencia bakuninista. El italiano Giuseppe Fanelli introdujo estas ideas en Cataluña, Valencia y Madrid, donde se formaron los primeros núcleos de la AIT con figuras como Anselmo Lorenzo y Farga Pellicer.
El anarquismo prendió con fuerza por su proximidad ideológica con el republicanismo federal de Pi i Margall, compartiendo el anticlericalismo, el ateísmo y la fe en el progreso. En 1870 se constituyó la Federación Regional Española (FRE). Tras la represión de 1871 y el fracaso de la Primera República, el anarquismo se dividió en dos corrientes:
- Anarcosindicalismo: Partidario de la acción sindical y la huelga.
- Propaganda por el hecho: Corriente insurreccional y violenta.
La Organización de los Trabajadores en la Restauración
Hasta 1887, toda asociación de trabajadores era considerada delictiva. La Ley de Asociaciones de 1887, bajo el gobierno de Sagasta, reconoció la libertad sindical, permitiendo la legalización de la UGT y el PSOE.
Las Organizaciones Socialistas
Paul Lafargue, yerno de Marx, formó a un grupo de tipógrafos liderados por Pablo Iglesias, quien fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879. En 1888 se creó la Unión General de Trabajadores (UGT). Su meta era la transformación revolucionaria de la sociedad y la conversión de la propiedad privada en social. Su implantación fue fuerte en Madrid, Vizcaya y Asturias.
Las Organizaciones Anarquistas
A finales del siglo XIX coexistieron tres tendencias:
- Corriente anarcosindicalista: Basada en cajas de resistencia y federaciones de oficios.
- Corriente revolucionaria insurreccional: Partidaria de la violencia terrorista y la destrucción del Estado (acracia).
- Anarco-comunismo: Defensora de la propiedad social y el disfrute igualitario de los frutos del trabajo.
La difusión de estas ideas se realizó mediante prensa y libros, tratando temas como la ciencia, la educación sexual y el ejercicio físico.
Evolución de la Afiliación Obrera
No será hasta 1900 cuando surjan organizaciones bien diferenciadas. El crecimiento fue rápido: en 1898 los socialistas alcanzaron los 20,000 votos y la UGT llegó a casi 30,000 afiliados en 1901.
El Sindicalismo Católico
Surgió como una «tercera vía» para frenar el avance de las doctrinas ateas. El Padre Vicent fundó los Círculos Obreros Católicos, que en 1895 ya contaban con 169 centros y más de 36,000 socios, impulsados también por la figura del Marqués de Comillas.
La Reivindicación Social Organizada
Aunque el derecho de asociación se reconoció en 1887, otras mejoras llegaron en la primera década del siglo XX: regulación del trabajo de mujeres y niños, accidentes de trabajo, descanso dominical y la creación del Instituto Nacional de Previsión. A pesar de la represión, las nuevas formas de lucha organizada, más sistemáticas y efectivas, terminaron imponiéndose.
