Platón, San Agustín y Descartes: Filosofía Antigua y Medieval


Platón

Problema de la realidad y del conocimiento: la doctrina central de Platón es la teoría de las ideas consiste en afirmación de que existen realidades inmateriales inmutables y universales. Las ideas constituyen el mundo inteligible que solo puede ser captado por la razón y que se diferencia del mundo sensible (mundo físico) captado por los sentidos. Platón considera el mundo sensible que percibimos como el resultado de la actividad ordenadora de una inteligencia divina, el Demiurgo, queda forma o estructura la materia caótica conforme a unos modelos externos y perfectos. Las ideas son la causa de las existencia de las cosas sensibles que percibimos la idea es la esencia común de la que participa en la realidad individuales del mundo físico. Esa relación de dependencia puede expresarse también como diciendo que la idea es el modelo imitarme perfectamente por las cosas individuales. El mundo inteligible o mundo de las ideas es un mundo ordenado y jerárquico. Del mismo modo que las cosas sensibles participan de las ideas también las ideas participan del bien. La edad del bien representa la máxima realidad y perfección. La edad del bien representa la máxima realidad y perfección todo lo que existe es real en tanto que participa del bien. Platón desciende dos niveles del conocimiento: el saber y la opinión. Las opiniones son inestables cambiantes. Para que la opinión pueda convertirse en ciencia hará falta que concentremos el criterio que nos permite distinguir las opiniones falsas de las verdaderas. El paso de la opinión verdadera a la ciencia se explica mediante el proceso de reminiscencia que permite la mente humana recorrer el conocimiento alcanzado antes de que quedara atrapada en un cuerpo mortal. Platón identifica la ciencia con el conocimiento inteligible que está dirigido a las ideas cuya realidad sólo se puede captar con la razón mientras que la opinión es el conocimiento sensible que tiene como objeto la realidad del mundo físico.

Problema del ser humano

El dualismo constituye el núcleo de la doctrina platónica sobre el ser humano. Platón recoge ideas precedentes del pitagonismo: el alma inmortal y su unión con el cuerpo accidental y transitorio. Platón explica que nuestras almas son inmortales pero están sujetas a un ciclo de nacimiento en cuerpos mortales. El alma pertenece al ámbito de las ideas mientras que el cuerpo pertenece al mundo de los seres físicos. Mientras permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es purificarse. Las impurezas vienen de su relación con el cuerpo, de sus exigencias y en su estado desencarnada, el alma tiene la oportunidad de ver de forma directa y clara. Platón distingue tres aspectos en el alma: alma racional, alma concupiscible y alma irascible. El alma en su más pura esencia, completamente libre de todos los deseos y emociones que surgen de su asociación con el cuerpo, es inmortal y divina; su naturaleza es simple y no tripartita. No obstante, las pasiones y los apetitos no la abandonan necesariamente después de la muerte, a menos que haya llevado una vida filosófica, sigue estando contaminada en lo corpóreo y tiene que andar errante hasta que de nuevo es aprisionada en un cuerpo.

Problema de la ética y política

Según Platón, un individuo solo podrá ser justo y vivir en una sociedad donde reina la justicia. Por lo tanto, la ética que se ocupa de la virtud del individuo es inseparable de la política que se ocupa de la virtud del estado. La reflexión sobre la justicia conduce a una reflexión sobre las causas por las que las sociedades existentes son injustas. Platón considera que todos los regímenes políticos existentes están enfermos, particularmente la democracia, y que algunos consideran el gobierno del pueblo cuando en realidad es, según Platón, el gobierno de una minoría de demagogos que logran generarse el favor del pueblo a costa de halagos y engaños. La justicia sería para Platón el equilibrio o armonía de los tres aspectos que distinguen al ser humano: alma racional, alma irascible y alma concupiscible. Cada una de estas partes del alma tiene una virtud propia. Corresponde a la razón gobernar, es decir, ordenarnos lo que debemos hacer, y la virtud propia del buen gobierno es la sabiduría. La virtud propia del alma concupiscible será la moderación; por último, la parte irracional del alma tendrá como virtud propia la fortaleza. Un individuo será justo cuando cada una de estas tres partes del alma cumple la función que le pertenece. Según Platón, en una sociedad solo podría ser justa si todos los ciudadanos fuesen educados por el estado con el fin de descubrir qué aptitudes poseen y asignarles la función más adecuada a dichas aptitudes. Aquellos en los que predominará el apetito formarían la clase más numerosa. El proceso de educación del ser humano es descrito de forma alegórica en el mito de la caverna, en el que Platón sostiene que la educación no proporciona ciencia, sino que solo activa el saber implícito en el alma hacia sus verdaderos objetos.

San Agustín

Problema del conocimiento

Uno de los problemas fundamentales de la filosofía cristiana antigua y medieval es el de las relaciones entre fe y razón, puesto que el cristianismo, como la mayoría de las religiones, se basa en la aceptación por parte del creyente de unas verdades reveladas por Dios a los hombres con el fin de alcanzar la salvación. La razón es la fuente natural del conocimiento para el ser humano, produce la filosofía, conjunto de verdades a las que se llega investigando por medio de nuestra propia razón. La fe es una fuente del conocimiento sobrenatural, para San Agustín, razón y fe colaboran en el esclarecimiento de la única verdad que existe, el cristianismo, una verdad a la que se puede acceder por dos caminos: la razón, que nos acerca a ella parcialmente, y la fe, que nos da a conocer en plenitud. Según San Agustín, un hombre puede estar seguro de que existe porque está vivo; además, está claro de que ese hombre entiende tanto el hecho de su existencia como el hecho de que vive, por lo tanto, existimos y sabemos que existimos. San Agustín proclama la certeza de lo que conocemos por la experiencia interior, por la autoconciencia. El punto de partida para la búsqueda de la verdad se halla en la intimidad de la conciencia, en un proceso de interiorización que lleva al hombre más allá de sí mismo. El logro de un conocimiento pleno y absoluto consiste en una dialéctica ascendente que consta, como en Platón, de las siguientes etapas: conocimiento sensible (compartido por el hombre con los animales, es el grado más bajo del saber, no puede considerarse un conocimiento fiable y válido debido a la inestabilidad de las cosas sensibles).

Problema de Dios

San Agustín no se preocupa de elaborar pruebas sistemáticas de la existencia de Dios, aunque propone diversos argumentos que ponen de manifiesto su existencia, entre ellos: argumento cosmológico (del orden observable en el mundo se deduce la existencia de un ser supremo), argumento basado en el consenso (se basa en que la mayoría de los pueblos conocidos manifiestan algún tipo de creencias religiosas), argumento epistemológico (el fundamento de las ideas no puede estar en las cosas creadas, que son cambiantes, sino que ha de estar en un ser inmutable y eterno, es decir, Dios). La creación del mundo es el resultado de un acto libre de Dios. San Agustín sostiene la doctrina del ejemplarismo: las esencias de todas las cosas creadas se encontraban en la mente de Dios como ejemplares o modelos de las cosas, tanto de las que quedaron en el momento original como de las que irían apareciendo después. La doctrina del ejemplarismo se complementa con la teoría del origen estoico de las razones seminales: en el momento de la creación, Dios depositó en la materia una especie de semillas, las razones seminales, que en las circunstancias necesarias, darían lugar a la aparición de nuevos seres que se irían desarrollando con posterioridad al momento de la creación. Esta doctrina sobre la creación está inspirada en Platón, pero mientras que el demiurgo platónico tiene dos condicionamientos, la materia eterna y las ideas, en el caso de San Agustín, Dios no tiene ningún condicionamiento, pues las ideas se encuentran en él y la materia es también creada por él.

Problema del ser humano

En la estructura jerárquica de la creación, las más nobles criaturas creadas por Dios son los ángeles y a continuación, estos hermanos, mientras que el ángel es un espíritu puro, el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma. El alma lleva a cabo sus funciones mediante memoria, entendimiento y voluntad. El alma es una sustancia espiritual simple, indivisible e inmortal. San Agustín niega la teoría platónica de la presencia del alma y explica su origen mediante la teoría del traducianismo, según la cual el alma se transmite de padres a hijos al ser generada por los padres, igual que esto genera en el cuerpo. El hombre, según San Agustín, se caracteriza por una actitud de búsqueda constante que lo lleva a autotrascenderse, a buscar más allá de sí mismo. El alma del hombre se halla en una condición oscilante y ambigua entre la luz y la oscuridad, por lo que Agustín no responsabiliza a Dios del mal que hay en el mundo.

Problema de la ética y política

En cuanto a la sociedad y la política, San Agustín expone sus reflexiones en la Ciudad de Dios. San Agustín comienza con un análisis de la naturaleza humana: el ser humano está compuesto de cuerpo y alma, en consecuencia, hay en el hombre unas tendencias intereses terrenales y materiales unidos al cuerpo y unos intereses espirituales y sobrenaturales propios del alma. San Agustín no separa política y religión, ya que sin un estado espiritual, la justicia social debe convertirse en un estado cristiano, pues solo el cristianismo hace buenos a los hombres, además de que la iglesia es la única comunidad perfecta y claramente superior al estado, que debe inspirarse en ella. San Agustín admitió la legitimidad del estado para exigir al cristianismo obediencia a las leyes civiles, acepta que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto, sus instituciones derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles.

Descartes

Problema del conocimiento

Descartes afirma que el carácter universal de la razón y la posibilidad natural de tu individuo de acceder a la verdad. Sin embargo, no es suficiente tener buen sentido, es decir, poseer la luz natural de la razón, sino saber aplicarlo bien, por ello se hace necesario establecer un método que garantice el correcto proceder de la mente. Las reglas se destinan a que se empleen rectamente las capacidades naturales y las operaciones de la mente. Las operaciones fundamentales de la mente son dos: la intuición y la deducción. La intuición es la concepción libre de dudas de una mente no nublada que brota únicamente la luz de la razón y que nos permite conocer las verdades evidentes. La deducción permite que la mente pase de verdades fundamentales evidentes por sí mismas a otras verdades evidentes implicadas por las primeras. Por medio de la deducción sabemos que el último eslabón de una larga cadena de intuiciones está unida con el primero, aunque no podamos ver intuitivamente todos los eslabones intermedios. Descartes se plantea la necesidad de deshacerse de todas las falsas opiniones y comenzar de nuevo desde los fundamentos. Para ello, no es necesario examinar todas las opiniones y creencias recibidas en particular, sino limitar el análisis a los principios que las sostienen. Descartes define la sustancia como una cosa existente que no requiere más que de sí mismo para existir.

Problema de Dios

Descartes espera mediante el examen de esta proposición que se reconoce como verdadera y cierta encontrar un criterio general de la certeza y llegará a la conclusión de que esa proposición es verdadera porque es clara y distinta. Concluye que puede suponer como regla general que las cosas que conseguimos muy clara y distintamente son todas verdaderas. Podría aparecer que una vez descubierto ese criterio de verdad pudiera procederse sin más a su aplicación, pero Descartes había planteado la hipótesis de un dios engañador que hubiese constituido el entendimiento humano de modo que irremediablemente se equivocará, y esto significa que probar la existencia de un Dios que no sea engañador para asegurarse de que no me engaño al aceptar como verdaderas aquellas proposiciones que percibo de forma clara y distinta. Descartes se pregunta por la causa de sus ideas, pues toda idea, incluso la idea es innatas, está en la mente debido a alguna causa, y como el propio yo podría ser la causa de todas las ideas expreso y su averiguar de algún modo si entre las cosas cuyas ideas están en la mente hay algunas que existan fuera de la mente. La causa de la idea de Dios no puede ser el propio yo, pues este es finito e imperfecto. Descartes se pregunta si él que posee la idea de un ser perfecto en esto puede existir si deshacer no existe.

Problema del ser humano y de la virtud

El dualismo sustancial cartesiano diferencia entre el espíritu o sustancia pensante y la materia. Descartes afirma la libertad del ser humano, ya que al ser la mente una sustancia totalmente distinta del cuerpo, no está sometida a las leyes mecánicas que rigen los movimientos en la materia. El yo, como sustancia pensante, consiste en el ejercicio de dos facultades o modos del pensamiento: el entendimiento y la voluntad. La voluntad es libre. La libertad no, según Descartes, la mera indiferencia ante las posibilidades alternativas que se ofrecen a nuestra elección. La libertad consiste en elegir lo que es propuesto por el entendimiento como bueno y verdadero. El dualismo plantea el problema de la relación entre la mente y el cuerpo, como las afecciones del cuerpo pueden producir ideas en la mente y como las afecciones de la mente pueden producir acciones del cuerpo. Descartes denomina pasiones a las percepciones o sentimientos que afectan al alma sin tener su origen en ella, su origen se halla en las fuerzas que actúan en el cuerpo. Las pasiones tienen un carácter involuntario, puesto que no se originan en el alma. La tarea del alma en relación con las pasiones consiste en someterlas y ordenarlas conforme al dictamen de la razón. Virtud: según Descartes, toda filosofía es como un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de este tronco son las otras ciencias que se reducen a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral. Descartes define la moral como el último grado de sabiduría, al presuponer el conocimiento completo de las otras ciencias. El problema que se le plantea al filósofo es que solo podrá afrontar las grandes cuestiones éticas tras haber conseguido de construir de modo sólido el sistema de la ciencia. Mientras llega ese momento, debe adoptar una moral provisional que consistirá solo en tres o cuatro máximas: ser fiel a las costumbres del país donde se vive, permanecer firme en las resoluciones adoptadas y tratar de vencerse a uno mismo antes que el destino.

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