Comparación: Santo Tomás de Aquino y Hildegarda von Bingen
Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
Santo Tomás de Aquino, el gran sistematizador de la teología escolástica, concibe la relación entre razón y fe como una síntesis armónica en la que ambas facultades humanas se complementan sin contradecirse, guiadas por la verdad divina. En su obra magna, la Summa Theologica (1265-1274), Tomás dedica la primera parte a las «cinco vías» demostrativas para probar la existencia de Dios mediante la razón natural: desde el movimiento (primera vía) hasta el orden del universo (quinta vía). Argumenta que la inteligencia humana puede ascender a verdades metafísicas sin necesidad de la revelación, aunque la fe las ilumina y perfecciona. Para él, la razón prepara el terreno para la fe, que revela misterios como la Trinidad, evitando tanto el racionalismo pagano como el fideísmo irracional. Esta demostración racional de lo sobrenatural refleja su convicción de que Dios es la causa primera accesible tanto al intelecto como a la gracia.
Hildegarda von Bingen (1098-1179)
Hildegarda von Bingen, abadesa benedictina, visionaria y polímata, presenta una concepción de la fe y la razón profundamente experiencial y simbólica, donde la fe no es un acto abstracto, sino una iluminación divina que trasciende y transforma la razón. En su obra principal, Scivias («Conoce los caminos», 1141-1151), Hildegarda relata 26 visiones celestiales dictadas por la «luz viva» de Dios, que le revelan la creación como un cosmos vivo y armónico, regido por virtudes y elementos simbólicos (fuego, agua, tierra). Aquí, la razón actúa como un instrumento subordinado: no demuestra por silogismos, sino que interpreta las imágenes proféticas de la fe, como en su visión de la Iglesia como una mujer cósmica que une lo material y lo espiritual. Para Hildegarda, la fe es un éxtasis sensorial y holístico, integrando teología, medicina y música (Symphonia harmoniae caelestium revelationum), donde la razón se somete a la revelación para sanar el alma y el cuerpo.
Convergencias y divergencias
Ambas perspectivas medievales afirman la unidad de la verdad divina, pero divergen en método y énfasis: la perspectiva tomista es racional y aristotélica, estructurando la fe mediante demostraciones lógicas en la Summa, como un edificio escolástico donde la razón edifica sobre premisas naturales para llegar a Dios; en contraste, la perspectiva hildegardiana es mística y neoplatónica, priorizando la visión intuitiva en Scivias, donde la fe irrumpe como luz profética que envuelve y eleva a la razón, más poética que analítica. Tomás resuelve tensiones por síntesis intelectual, democratizando la teología para clérigos y laicos mediante argumentos accesibles; Hildegarda, en cambio, enfatiza la experiencia femenina y corporal, criticando la rigidez racional como insuficiente sin el fuego divino e influenciando un saber integrador (ciencia-espiritualidad). Así, mientras Tomás «demuestra» para convencer, Hildegarda «revela» para transformar, enriqueciendo la tradición cristiana con racionalidad equilibrada frente a un éxtasis visionario.
IA y bien común: una mirada tomista
1) La Inteligencia Artificial (IA) es una fuerza enorme en el siglo XXI, capaz de transformar industrias y resolver problemas difíciles. Pero su avance rápido nos obliga a plantearnos retos éticos serios: ¿cómo garantizamos que la IA se desarrolle para el bien común y no para aumentar las desigualdades o dañar la dignidad humana?
2) La filosofía de Santo Tomás de Aquino ofrece un marco muy útil aquí. Aquino, siguiendo a Aristóteles, veía la razón como nuestra cualidad más importante, la que nos guía hacia la felicidad y la perfección. Él creía en la ley natural, un principio moral inscrito en la razón humana que nos empuja a hacer el bien y evitar el mal. En el contexto de la IA, esto significa que su creación y uso deben estar guiados por la razón y enfocados en el beneficio de toda la sociedad. La IA no debe ser un fin en sí misma; es un medio para ayudar a la humanidad y construir una sociedad más justa y equitativa.
Uno de los mayores problemas éticos es cómo la IA afecta el trabajo. La automatización podría dejar a muchas personas sin empleo y aumentar la brecha económica. Desde la perspectiva tomista, es vital pensar en el impacto en el trabajo humano. No podemos permitir que la automatización cause marginación o pobreza.
Disertación
DISERTACIÓN: Se necesitan políticas claras que promuevan la formación y la adaptación laboral, junto con la creación de nuevos puestos que aprovechen lo que solo los humanos podemos hacer. Además, la IA debería usarse para mejorar las condiciones de trabajo y la productividad general, en lugar de simplemente reducir costes a costa del bienestar de los trabajadores. Otro punto importante es la prudencia (sabiduría práctica), que Aquino considera una virtud cardinal. Debemos aplicar esta prudencia al diseñar sistemas de IA, asegurándonos de que sean transparentes y que sus decisiones sean justas. Si la IA toma decisiones importantes, deben ser revisables y alineadas con principios morales que busquen un orden justo.
3) En conclusión, la visión de Santo Tomás de Aquino es clave para manejar los dilemas de la IA. Al poner la razón, la ley natural y el bien común en primer lugar, podemos asegurar que la IA se desarrolle de forma responsable y ética, sirviendo a toda la humanidad. La IA es una herramienta que debe estar al servicio de la justicia y de nuestra plena realización como seres humanos.
Tema: La idea de una filosofía cristiana (3.2.1)
3.2.1. La idea de una filosofía cristiana: Santo Tomás de Aquino, hijo del siglo XIII y cuya vigencia perdura hasta hoy, está convencido de que la noción de Dios es prácticamente universal entre los seres humanos, como lo atestiguan diversas culturas y tradiciones filosóficas. Sin embargo, la existencia de Dios debe ser demostrada racionalmente porque, aunque la proposición «Dios existe» sea una verdad evidente en sí misma, no lo es para nosotros debido a las limitaciones inherentes a nuestra condición humana finita y dependiente de la experiencia sensible. Por tanto, si se trata de una verdad que no posee evidencia inmediata para el intelecto humano, se requiere una demostración racional rigurosa.
Además, esta demostración es posible y necesaria porque pertenece a los preámbulos de la fe (praeambula fidei), es decir, a aquellas verdades accesibles tanto por la razón filosófica como por la revelación teológica, permitiendo un puente entre la filosofía natural y la teología sobrenatural. Esta demostración se realiza de acuerdo con la concepción aristotélica del conocimiento, que el Aquinate adopta y perfecciona en obras como la Summa Theologica y la Summa Contra Gentiles (Libro I, cap. 13). Todo conocimiento humano comienza por los sentidos, ascendiendo gradualmente hacia lo inteligible; la razón puede rastrear a Dios, pero solo a partir de la experiencia sensible del mundo creado.
3.2.2. Precedentes en la demostración de la existencia de Dios
La demostración de la existencia de Dios no puede realizarse como pretendió San Anselmo en su argumento ontológico —criticado por Kant y rechazado por Aquino en la Summa Theologica (I, q. 2, a. 1)—, que parte de la sola idea de Dios como id quo maius cogitari non potest (aquello mayor que lo cual nada puede pensarse), infiriendo la existencia a partir de la perfección conceptual. Esto constituiría una demostración propter quid inválida, ya que la existencia no es una propiedad incluida en la esencia o definición de un ser finito; no se puede pasar del orden lógico al ontológico sin recurrir a la experiencia. Aquino argumenta que tal enfoque ignora la distinción entre esencia y existencia, central en su metafísica, y no considera los efectos empíricos.
3.2.3. Tipos de demostraciones para Tomás de Aquino
Por ello, de los dos tipos de demostración científica distinguidos por Aristóteles en los Analíticos Posteriores —la demostración propter quid (a priori, que procede de la causa al efecto, explicando el «por qué» de las cosas) y la demostración quia (a posteriori, que va del efecto a la causa, estableciendo el «que» algo existe)—, solo la segunda es válida para probar la existencia de Dios. Las demostraciones válidas en teología natural deben ser quia, partiendo de los efectos causados por Dios, es decir, de realidades observables en el mundo sensible de las que tenemos experiencia directa, como el movimiento, la causalidad o el orden. Por tanto, demostrar la existencia de Dios es necesario y posible si se adopta el método adecuado de la teodicea o teología natural: un enfoque quia o a posteriori, que parte de los efectos para ascender a la causa primera.
3.2.4. Las vías tomistas y su respuesta
En la Summa Theologica (I, q. 2, a. 3), Aquino propone cinco vías (quinque viae) con una estructura lógica similar, inspirada en el silogismo aristotélico y en la metafísica del Estagirita, pero adaptada al marco cristiano de la creación. Esta estructura se despliega en la Summa Contra Gentiles (Libro I, caps. 13-22) de manera más pormenorizada, mientras que en la Summa Theologica aparece de forma más resumida. El esquema común incluye:
- A) Un punto de partida: Un hecho empírico del mundo, un rasgo observable en las cosas de la realidad, como el movimiento (motus), la causalidad eficiente, la contingencia, los grados de perfección o la finalidad (teleología). Estos puntos se basan en la experiencia sensible, alineándose con el principio aristotélico de que «nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu» (nada está en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos).
- B) Principio de causalidad: Se introduce un principio metafísico fundamental, de raigambre aristotélica: todo lo que se mueve, cambia o existe contingentemente tiene una causa. En la Summa Theologica (I, q. 2, a. 3), Aquino lo formula como «omne quod movetur ab alio movetur» (todo lo que se mueve es movido por otro). No es concebible que algo ocurra sin una causa distinta, ya que ello violaría el principio de razón suficiente. Cada punto de partida, en cuanto hecho mundano, requiere una explicación causal.
- C) Principio de imposibilidad de una regresión al infinito en la causalidad: No es posible una serie infinita de causas subordinadas per se (esencialmente subordinadas), ya que ello implicaría una regresión ad infinitum sin fundamento, lo cual es metafísicamente absurdo. Debe haber una causa primera no causada, fuera de la serie, que inicie el movimiento o el ser. Aquino argumenta en la Summa Contra Gentiles (I, cap. 13) que, si la cadena fuera infinita, no habría causa primera y, por ende, nada existiría. Esta distinción entre series per accidens (accidentalmente subordinadas, como generaciones sucesivas) y per se es crucial para evitar malentendidos.
- D) Conclusión: La existencia de Dios como causa universal del mundo. A esta causa primera se le denomina «Dios», atribuyéndole un rasgo característico según la vía: Primer Motor Inmóvil, Primera Causa Incausada, Ser Necesario, Ser Perfectísimo o Inteligencia Ordenadora Suprema. Esta identificación se deriva analógicamente de los efectos.
Las cinco vías (resumen y clasificación)
De las cinco vías, tres son dinámicas (primera, segunda y quinta), ya que parten del cambio y el movimiento, mientras que dos son estáticas (tercera y cuarta), enfocadas en el ser y la perfección. A continuación se describen brevemente:
- 1ª vía (ex motu): Parte de la constatación del movimiento en la naturaleza —entendido como paso de potencia a acto— para ascender a Dios como Motor Inmóvil. En la Summa Theologica (I, q. 2, a. 3), Aquino se apoya en la teoría aristotélica de la potencia y el acto (de los Física y Metafísica), argumentando que una regresión infinita en motores subordinados es imposible, requiriendo un actus purus (acto puro) sin potencia.
- 2ª vía (ex causa efficiens): Parte de las causas causadas en el mundo para concluir en una Causa Incausada. Aquí, la causalidad eficiente se refiere a la causa del ser (esse), implicando la noción de creación ex nihilo. Si existen causas eficientes subordinadas, debe haber una causa primera que otorgue el ser a todo, como se detalla en la Summa Contra Gentiles (I, cap. 13).
- 3ª vía (ex contingentia): Constata seres contingentes —que existen pero podrían no hacerlo, ya que su esencia no implica existencia— y llega al Ser Necesario (cuyo esse es idéntico a su essentia). Aquino razona que, si todo fuera contingente, nada existiría ahora; así, un Ser Necesario funda la existencia de lo contingente.
- 4ª vía (ex gradibus perfectionum): Parte de los grados de perfección en los seres —más o menos nobles, verdaderos o buenos— para concluir en un Ser Sumamente Perfecto. Esta vía incorpora la idea platónica de participación (participatio), adaptada por Aquino en la Summa Contra Gentiles (I, cap. 13), donde los seres participan en perfecciones trascendentales que remiten a un máximo absoluto.
- 5ª vía (ex fine): Constata el orden y la regularidad en el mundo natural, incluso en entes inanimados sin inteligencia, atribuyéndolo a una Inteligencia Ordenadora. Inspirada en la teleología aristotélica, pero elevada a providencia divina, Aquino argumenta que las cosas actúan por un fin, como flechas dirigidas por un arquero inteligente (Summa Theologica, I, q. 2, a. 3).
Conclusión
En conclusión, las cinco vías fueron tratadas de modo resumido en la Summa Theologica y pormenorizado en la Summa Contra Gentiles, donde se aprecia con claridad cómo Santo Tomás interpretó a Aristóteles, adaptándolo y haciéndolo compatible con la fe cristiana. Esta tarea de cristianización de Aristóteles —integrando la metafísica pagana con la doctrina de la creación— fue tan magistral que las autoridades eclesiásticas lo nombraron «Santo y Doctor de la Iglesia», considerando a Aristóteles como «el maestro de los que saben» o simplemente «el filósofo».
