Introducción a la Revolución Industrial
Desde mediados del siglo XVIII se empezaron a producir cambios en Lancashire, en Inglaterra, en torno a dos industrias: la siderurgia y la textil. Estos cambios se conocen como Revolución Industrial.
Aunque estos cambios se iniciaron en el Reino Unido, se expandieron por otros países, incluidos los espacios coloniales que suministraban materias primas a las industrias.
La Revolución Industrial tuvo lugar entre 1780 y 1870. Se caracterizó por el uso del carbón como fuente de energía, la máquina de vapor y la fábrica como símbolos del nuevo maquinismo. La industria textil del algodón fue la industria pionera de este gran cambio. Posteriormente, tuvo lugar una segunda Revolución Industrial, desde 1870, que tuvo a la electricidad, el petróleo y el motor de explosión como símbolos de esa nueva transformación del capitalismo.
1. Antecedentes: cambios en la población y la agricultura
La Revolución Industrial fue precedida por una serie de cambios en la población y la agricultura.
1.1. La revolución demográfica
La población inglesa se triplicó en siglo y medio. El crecimiento demográfico se debió al aumento de la natalidad y al descenso de la mortalidad. Fue un crecimiento demográfico sin precedentes que se ha convenido en llamar revolución demográfica.
1.2. La revolución agrícola
La revolución agrícola se inició a principios del siglo XVIII con las leyes de cercamientos. Gran parte del suelo agrícola en Inglaterra estaba dividido en campos abiertos y grandes propiedades comunales separadas en hojas. Su explotación era colectiva. Pero las leyes de cercamientos transformaron las tierras comunales en grandes parcelas privadas y valladas.
Las consecuencias de estos cercamientos fueron de gran importancia: los campesinos sin tierra marcharon a buscar trabajo a las ciudades, donde formaron parte del proletariado industrial. El sistema de producción se hizo más rentable, pues se formaron grandes explotaciones en las que se mecanizaron las labores agrícolas, como la sembradora mecánica y las primeras trilladoras mecánicas, lo que trajo consigo que el ganado se estabulase.
En lugar del barbecho se cultivaron plantas forrajeras (trébol, alfalfa, habas) que servían de alimento al ganado y no agotaban la tierra. El resultado fue espectacular: la productividad en el campo aumentó y las rentas de los propietarios se incrementaron. La revolución agraria permitió el despegue de la industria, pues el campo suministraba materias primas y mano de obra para la industria. Además, aumentó la demanda de productos industriales.
1.3. Otros factores de la Revolución Industrial
Además de la revolución demográfica y la agrícola, existieron otros factores que favorecieron el despegue industrial de Inglaterra:
- El contexto político e institucional: el Reino Unido tenía una monarquía parlamentaria. El Parlamento estaba dominado por la burguesía, que legislaba a favor de los negocios.
- La posición internacional: el país era la primera potencia marítima y comercial del mundo. Esto facilitó que los productos británicos surgidos de la industria encontraran salida en los nuevos mercados.
- El libre comercio: desde el siglo XVII, en el país se había implantado el libre comercio, lo que supuso un enorme impulso para la industria y para el comercio británico.
La Revolución Industrial británica no fue algo planificado, sino espontáneo, en el que tuvo un destacado papel la iniciativa privada en el marco de una total libertad económica. Esta característica diferencia a la revolución británica del resto de Europa, donde el Estado tuvo un papel relevante en la industrialización, como sucedió en Alemania, Francia o Rusia.
2. La industrialización y la innovación tecnológica
A finales del siglo XVIII aparecieron las primeras fábricas, que supusieron el nacimiento de la industria moderna. Poco a poco, los talleres artesanos fueron desapareciendo. La industrialización fue acompañada de una innovación tecnológica en la que la fuerza humana o animal fue sustituida por la fuerza de las máquinas. Las innovaciones se limitaron primero al sector de la industria textil y, algo más tarde, a la siderúrgica.
2.1. La industria algodonera
La industria textil del algodón fue el motor de los cambios. El algodón se trabajaba en Europa desde la Edad Media, pero el hilo que se obtenía era escaso y fino. La necesidad de innovar surgió por la creciente demanda de hilo de calidad y de bajo precio.
El desarrollo de la máquina de hilar, la Spinning Jenny de Hargreaves, y otros inventos permitieron aumentar la productividad. Al aumentar la producción de hilo se hizo necesario desarrollar nuevas máquinas de tejer, como el telar mecánico de Cartwright. Estos cambios no hubieran sido posibles sin la máquina de vapor de James Watt. Este invento permitía utilizar la fuerza del vapor para mover las máquinas hiladoras y los telares. Estas máquinas usaban carbón como combustible, un mineral muy abundante en Inglaterra.
La industria algodonera se concentró en la región de Lancashire, sobre todo en Manchester y Liverpool. Fue un sector rector, es decir, aquel que impulsó el desarrollo de otros: fue un sector de demanda para la agricultura (de donde sacaba las materias primas), para la industria siderúrgica (que le proporcionaba las máquinas) y para la minería (de donde obtenía el hierro para fabricar las máquinas y el carbón como fuente de energía).
La elevada productividad de la industria del algodón permitió una drástica reducción de los precios, mientras que el ferrocarril, utilizado como nuevo medio de transporte, abarató los costes de transporte.
2.2. La industria siderúrgica
La siderurgia y la metalurgia también experimentaron notables avances. El primer paso para fabricar un hierro de mejor calidad fue la introducción de los altos hornos de carbón de coque, de mayor poder energético que el carbón vegetal. Fue empleado por Darby, pero no se generalizó hasta finales del siglo XVIII. Su invento cobró interés cuando se agotó el carbón vegetal y se inventaron dos procedimientos:
- El pudlado, por el que se obtenía un hierro más puro.
- El laminado, fabricación de planchas de hierro más fáciles de trabajar que los lingotes.
El resultado de estos avances fue la concentración de las fábricas cerca de las minas de carbón. El impulso del sector siderúrgico vino primero de la demanda de máquinas para la industria textil y por las necesidades de la construcción del ferrocarril, pues tanto las máquinas como la red ferroviaria eran de hierro.
3. Transportes, comercio y finanzas
El proceso de industrialización requería el desarrollo de nuevos medios de transporte, la expansión del comercio exterior y la aparición de nuevas técnicas financieras que facilitaron la acumulación de capital necesario para el crecimiento sostenido de la actividad industrial.
3.1. La revolución de los transportes
A mediados del siglo XVIII, el transporte era lento. La solución vino primero de la construcción de canales que unieron centros productores de materias primas con las zonas industriales. Las carreteras y caminos empezaron a arreglarse con una red radial en torno a Londres. La diligencia era el sistema de transporte habitual.
Pero el ferrocarril fue la gran revolución. El ingeniero George Stephenson construyó la primera locomotora a vapor para el transporte de personas y mercancías, conocida como The Rocket. En 1830 se inauguró la primera línea férrea de Manchester a Liverpool, que solo usaba locomotoras a vapor.
Las consecuencias de este invento fueron numerosas:
- Benefició a la industria metalúrgica, cuya producción aumentó mucho gracias a la fabricación de trenes y raíles.
- Acortó el tiempo de los viajes, reduciendo costes, con lo que disminuyeron los precios de las materias primas y de los productos, lo que se reflejaba en el precio final.
- Potenció la formación de sociedades de capital, ya que los costes del tendido y el mantenimiento de los ferrocarriles eran muy elevados y no podía asumirlos una sola persona.
La red de transportes se completó con la introducción de la navegación a vapor, con la innovación de Robert Fulton. La navegación a vapor no se generalizó, sin embargo, hasta finales del siglo XIX.
3.2. El avance del comercio a larga distancia
El comercio exterior británico tuvo un destacado papel en el éxito de la Revolución Industrial. El comercio de productos de algodón destacaba sobre otros productos. La demanda de productos de algodón estimuló el desarrollo industrial y favoreció la acumulación de capital. Otra actividad muy rentable fue el comercio de esclavos.
3.3. La inversión productiva y el espíritu de empresa
El desarrollo industrial produjo enormes beneficios, por lo que en el Reino Unido tuvo lugar un notable proceso de acumulación de capital. El Banco de Inglaterra ejerció una importante labor: prestaba dinero para la política exterior y apoyaba a compañías comerciales autorizadas por la Corona. Además, se crearon bancos privados.
No obstante, la mayor parte de los primeros industriales se autofinanciaban. En los primeros momentos de la Revolución Industrial predominaban las empresas familiares. Pero algunos sectores necesitaban grandes inversiones, por lo que se hizo necesario que varias personas unieran sus capitales. Surgieron así las sociedades anónimas, financiadas por acciones que cotizaban en la Bolsa de Londres. Las sociedades anónimas fueron comunes en las compañías ferroviarias, mineras o de construcción naval.
