La Monarquía de Amadeo de Saboya (Diciembre 1870 – Febrero 1873)
Amadeo de Saboya pareció el candidato más idóneo para desempeñar una monarquía liberal y democrática: era hijo de Víctor Manuel II de Saboya-Piamonte, el artífice de la unificación de Italia y su primer rey constitucional. Sin embargo, desde el momento mismo de su llegada se sucedieron los problemas. Tres días antes de su llegada a Cartagena (30 de diciembre de 1870), el general Juan Prim, su principal valedor, moría asesinado en un atentado en Madrid.
Así pues, las dos características del breve reinado de Amadeo de Saboya serán la falta de apoyos y la inestabilidad política.
Amadeo de Saboya se encontró con:
- La falta de apoyo de los monárquicos, que o eran carlistas o eran «alfonsinos«, es decir, partidarios del príncipe Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II.
- La oposición de los católicos, por el carácter laicista, masónico y antivaticanista de la familia Saboya-Piamonte.
- La oposición de los radicales (antiguos progresistas) presididos por Ruiz Zorrilla.
- La oposición de los republicanos presididos por Emilio Castelar.
- La oposición de las asociaciones obreras surgidas de la Primera Asociación Internacional de los Trabajadores, especialmente anarquistas.
Los principales problemas que debió afrontar además fueron la Guerra de Cuba que, iniciada en 1868, continuaba consumiendo hombres y recursos, y la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), que se inició precisamente con la coronación de Amadeo de Saboya. La guerra no superó, sin embargo, el nivel de alzamientos muy localizados en las Vascongadas, el Norte de Cataluña y el Maestrazgo (Castellón).
La inestabilidad política se agudizó por la división de los progresistas quienes, tras la muerte de Prim, se dividieron en radicales y constitucionales. Ambos protagonizaron seis cambios de gobierno y tres elecciones generales en dos años. Se radicalizó además el movimiento obrero, especialmente el terrorismo anarquista, que intentó asesinar a Amadeo en dos ocasiones.
Cansado de las dificultades políticas y de los desencuentros con el presidente del gobierno, el radical Ruiz Zorrilla, Amadeo presentó su renuncia mediante un manifiesto dirigido al Congreso de los Diputados el 11 de febrero de 1873. Ese mismo día abandonó España camino de Italia. Las Cortes proclamaron esa misma tarde la Primera República Española.
La Primera República Española
La Primera República Española nació proclamada de manera un tanto precipitada por unas Cortes formadas en su mayoría por diputados monárquicos que habían jurado la Constitución monárquica de 1869, y desde el principio se vio inmersa en un mar de problemas y dificultades: la quiebra de la Hacienda Pública, la Guerra de Cuba y la Tercera Guerra Carlista, los levantamientos campesinos anarquistas en Andalucía, donde los jornaleros estaban ocupando fincas, y las huelgas obreras en Cataluña y Alcoy.
La República Federal (1873-1874)
El gobierno improvisado convocó elecciones a Cortes Constituyentes, que ganaron por amplia mayoría los republicanos federales, aunque con una abstención del 60% del electorado.
Las nuevas Cortes Constituyentes proclamaron la República Democrática Federal y elaboraron en 1873 un proyecto de Constitución Republicana Federal:
- Establecía la democracia como sistema electoral.
- Tenía un amplio reconocimiento de libertades y derechos.
- Cortes bicamerales, con Congreso y Senado.
- Establecía la separación Iglesia-Estado.
- Ratificaba la abolición de la esclavitud en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
- Creaba 17 estados con autonomía económica, administrativa y política.
Sin embargo, la República tuvo dificultades incluso para tener presidentes mínimamente estables. Así se sucedieron 4 presidentes de la República en un año:
- Estanislao Figueras (4 meses)
- Francisco Pi y Margall (1 mes)
- Nicolás Salmerón (2 meses)
- Emilio Castelar (3 meses)
A esta inestabilidad hay que añadir la continuación de la Guerra de Cuba, donde los españoles no independentistas eran en su mayoría monárquicos alfonsinos, y la Tercera Guerra Carlista, ya iniciada en el reinado de Amadeo de Saboya y que, gracias a la inestabilidad republicana, se extendió por el Maestrazgo, llegando los carlistas a saquear Cuenca. El tercer problema fue el cantonalismo, un fenómeno de «ultrafederalismo» en el que los republicanos federales intransigentes proclamaban cualquier ciudad independiente respecto del poder central. Todo ello, unido a las revueltas por reivindicaciones sociales, hizo entrar al país en un proceso revolucionario. El primer cantón que se declaró independiente fue el de Cartagena, al que siguieron muchos otros en Levante, Andalucía y Castilla.
Emilio Castelar, presidente desde septiembre de 1873, abandonó las pretensiones federalistas y reformistas y se propuso acabar con las sublevaciones cantonalistas, para lo que reforzó el ejército que acabó con casi todas las sublevaciones, excepto la de Cartagena. Este giro a la derecha de Castelar iba a ser censurado por los republicanos intransigentes, quienes consiguieron su dimisión.