Esplendor de al-Ándalus y la Formación del Imperio Español


Califato de Córdoba: Abderramán III y Almanzor

En el año 929, Abderramán III se proclamó califa, consolidando así la independencia omeya de al-Ándalus frente al califato abasí de Bagdad. Fue una etapa brillante en los ámbitos político, militar, económico y cultural. Abderramán III impuso un sistema político y administrativo centralizado y reorganizó la recaudación fiscal, que le sirvió para reforzar el ejército mediante el pago de mercenarios. Esta estrategia le permitió hacer frente a las numerosas batallas contra los reinos cristianos.

Una vez pacificado el interior y aseguradas las fronteras, el califato vivió una época de tolerancia religiosa y de grandes construcciones, entre las que destacan la reforma de la Mezquita de Córdoba y la edificación de la ciudad-palacio de Medina Azahara.

La decadencia y el periodo de Almanzor

Tras la muerte de al-Hakam II (hijo de Abderramán III), comenzó el periodo de decadencia califal. Durante el gobierno de Hisham II, la figura de Almanzor ganó el favor del califa y se convirtió en hachib (valido o primer ministro), concentrando un gran poder político y militar. Esta fue la etapa de máximo apogeo militar contra los reinos cristianos, a los que saqueaba mediante razias. Entre sus gestas más destacadas se encuentra la destrucción de Santiago de Compostela en el 997.

Al acaparar las riendas del gobierno, que hasta entonces pertenecían a los califas, Almanzor menoscabó el prestigio de esta figura institucional. Tras su muerte, al-Ándalus se sumergió en una etapa de desórdenes y crisis, lo que provocó que el estado cordobés terminara fragmentándose en los reinos de taifas.

Almorávides y Almohades

La desintegración del califato dio lugar a la aparición de una veintena de estados independientes llamados taifas. Estas se hallaban enfrentadas entre sí y, aprovechando su desunión, los reinos cristianos avanzaron hacia el sur conquistando territorios clave como Badajoz y Toledo (por Alfonso VI de Castilla), así como Sevilla y Valencia (por el Cid Campeador).

La intervención de los imperios norteafricanos

Ante el avance cristiano, los reinos de taifas solicitaron ayuda a sus hermanos del norte de África, los almorávides (monjes-soldados nómadas de las regiones del Sáhara, imbuidos de un profundo sentimiento religioso). Estos cruzaron el Estrecho y derrotaron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086), cerca de Badajoz, frenando temporalmente el avance reconquistador. Sin embargo, ante la debilidad y división de las taifas, los almorávides intentaron hacerse con su control total, lo que desencadenó un movimiento antialmorávide que, unido al nuevo avance cristiano, propició la aparición de nuevas autonomías locales conocidas como segundas taifas.

En este contexto llegaron los almohades con el objetivo de restaurar la «verdadera fe» por medio de la yihad, enfrentándose tanto a los musulmanes que consideraban desviados como a los enemigos cristianos. En pocos años controlaron al-Ándalus y frenaron el avance cristiano en la batalla de Alarcos (1195). No obstante, en 1212 se produjo la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en la que una coalición cristiana derrotó a los musulmanes. A partir de esta victoria, los reyes cristianos conquistaron casi todo al-Ándalus, permaneciendo únicamente el reino nazarí de Granada hasta el año 1492.

Expulsión de los judíos (1492) y expulsión de los moriscos (1609)

Los Reyes Católicos pusieron fin a la coexistencia de las tres religiones medievales y apostaron por la unidad religiosa en torno al catolicismo. En este marco, los monarcas crearon el Tribunal de la Santa Inquisición para perseguir la heretía y decretaron la expulsión de los judíos en 1492.

Aunque inicialmente fueron protegidos por la Corona, sus derechos se limitaron progresivamente. La decisión de expulsión fue consecuencia del clima de tensión social de la década anterior, la acción inquisitorial, la reciente finalización de la campaña de Granada y la voluntad política de los Reyes Católicos de consolidar un estado fuerte con proyección internacional. Esta medida afectó a unas 70.000 personas que se exiliaron a Portugal, Marruecos y diversas ciudades europeas, mientras que otros 50.000 optaron por convertirse al cristianismo. Esta expulsión supuso un notable empobrecimiento económico, ya que se trataba de un grupo laborioso que desempeñaba actividades de gran utilidad.

La cuestión morisca

La persecución a los moriscos se intensificó tras la rebelión de las Alpujarras durante el reinado de Felipe II. Esta revuelta fue sofocada por Don Juan de Austria y conllevó la expulsión de más de 80.000 moriscos de la zona. Sin embargo, fue bajo el gobierno de Felipe III cuando se procedió a la expulsión definitiva de la población morisca en 1609. Se calcula que unos 275.000 moriscos fueron embarcados en galeras y trasladados al norte de África.

Exploración, Conquista y Legislación de América

Tras el descubrimiento de América por Cristóbal Colón y una vez establecidas las zonas de influencia con Portugal mediante el Tratado de Tordesillas (1494), se inició un proceso de exploración y conquista que amplió vastamente los territorios españoles. Entre los hitos principales destacan:

  • Vasco Núñez de Balboa: Descubrió el océano Pacífico en 1513, desmintiendo la creencia de que Colón había llegado a Asia.
  • Ponce de León: Ocupó la Florida en 1513.
  • Juan Díaz de Solís: Exploró la desembocadura del Río de la Plata en 1516.
  • Hernán Cortés: Conquistó el Imperio Azteca entre 1519 y 1521.
  • Pizarro y Almagro: Conquistaron el Imperio Inca entre 1531 y 1532.

El marco legal: De las Leyes de Burgos a las Leyes de Indias

Para organizar la conquista y proteger a los indígenas, Fernando el Católico sancionó en 1512 las Leyes de Burgos. No obstante, ante los persistentes abusos hacia la población nativa —denunciados por misioneros como Bartolomé de las Casas—, Carlos V promulgó en 1542 las Leyes Nuevas. Mediante estas, quedó estrictamente prohibida la esclavitud y se limitaron las encomiendas.

Finalmente, el compendio de toda la legislación que regulaba la vida social, económica y política de los territorios de ultramar se denominó Leyes de Indias, las cuales fueron puestas en vigencia de forma definitiva por Carlos II en 1680.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *