La Dimensión Moral y Espiritual en la Novela Bizantina
Sin duda, existe en esta concepción adoctrinadora y viajera de la existencia humana una profunda reflexión moral que los autores pretenden establecer. Tras la desventura amorosa y los riesgos que amenazan al amor verdadero, se oculta también una visión optimista que infunde al ser humano una mayor capacidad de resistencia.
Tantas adversidades solo se explican como una penitencia necesaria que les permitirá disfrutar finalmente de la felicidad verdadera. De este modo, en la novela bizantina asistimos a la conjunción de lo humano y lo espiritual en una mezcla que define al relato desde una perspectiva moralizadora tan del gusto de la época.
Las dificultades no solo las libran aquellos que defienden el amor puro y honesto, sino quienes van adquiriendo una madurez y se van purificando espiritualmente a medida que recorren el mundo. Esta aspiración de perfección alcanza su culminación en la novela de Cervantes, pues su Persiles y Sigismunda es el resumen de los trabajos del hombre, que se verán posteriormente retratados en el resto de los relatos.
A partir de aquí, los trabajos constituyen el punto de partida de la acción. Las aventuras que asaltan a nuestros personajes en su viaje tienen que ver con asuntos relacionados con el tema del amor, pero asistimos a los casos más variados y a las aventuras más variadas, con la intención de sorprender al lector. Por ello, el autor va alternando situaciones positivas y negativas relacionadas con los momentos buenos y malos de su viaje.
5) La Peregrinación: El Viaje como Eje Estructural
El viaje es un componente fundamental de la ficción bizantina. La acción de viajar abarca no solo la descripción de países exóticos y lugares hasta entonces desconocidos, sino también las sorprendentes aventuras que van sucediéndose a lo largo del relato.
Este deseo de viajar, provocado por el desaliento social e intelectual de la época en la que el género se desarrolla, va unido a la falta de medios de transporte y a la dificultad e incomodidad que entrañaba, en consecuencia, desplazarse de un lugar a otro. El lector del género disfrutaba de la novela cuanto más esta descubría un mundo remoto e increíble, al acercarle a una realidad que para él todavía no era posible.
Las circunstancias que animan al héroe bizantino a viajar son diferentes; todas están condicionadas por las intenciones del narrador:
- El protagonista del relato clásico se ve envuelto en las dificultades del camino.
- Su viaje es un hecho forzado y, al mismo tiempo, inevitable, ya que las circunstancias se lo exigen.
- Muchas veces el viaje tiene como razón la búsqueda de la amada, pero otras veces es un mero vagar sin reposo.
Para la novela bizantina española, el viaje supone un aprendizaje, una vía de entendimiento y de conocimiento. El viaje es el hilo conductor y estructurador del relato. Va desplazando a los personajes por diferentes lugares e incorporando a otros nuevos que confirman la sucesión de aventuras.
El viaje puede ser circular y cerrado o abierto e inacabado, como en aquellas novelas en las que se prometen segundas partes, por ejemplo El español Gerardo. La novela termina cuando concluye el viaje, y este lo hace cuando los personajes están en disposición de alcanzar la felicidad tras haber puesto a prueba su amor.
Dificultades en el Trayecto
El viaje puede ser tanto por tierra como por mar y cada lugar tiene sus dificultades. En todas encontrarán algún elemento que les supondrá un obstáculo. Tiene una especial consideración si el viaje es por mar: se encontrarán piratas e islas remotas, tempestades que acabarán en naufragios.
6) El Amor: Motor de la Acción y Contraste Moral
El amor constituye una de las razones fundamentales que explica el comportamiento de los personajes. El amor les obliga a huir de casa, mentir, enfermar, etc. El amor se presenta ante el lector desde dos planteamientos bien distintos:
- Amor puro y casto: aquel que une a la pareja protagonista y a aquellos otros personajes positivos que alcanzan el final feliz.
- Amor carnal y lujurioso: deseo de goce físico, que representan aquellos otros personajes como piratas, bandoleros o falsos enamorados.
A estos últimos personajes se les reservan múltiples funciones narrativas que, en la mayoría de casos, sirven para complicar el enredo y provocar momentos de gran tensión argumental. Sin embargo, hay obras que no siguen el esquema básico de las novelas bizantinas y que tienen un final menos feliz; por ejemplo, que el protagonista se lleve chascos amorosos, o que el héroe se incline por una dama que no es la que en un principio se consideraría la protagonista.
La presencia de jóvenes bellos y enamorados crea la existencia de un delicado erotismo que adquiere un papel protagonista en algunos relatos. El asunto amoroso no se manifiesta solamente en las descripciones y caracterizaciones, sino también en el comportamiento de los mismos personajes, a veces animados por una ingenua picardía, otras movidos por sus maliciosos deseos.
