La Crisis del Antiguo Régimen y el Inicio del Liberalismo
A finales del siglo XVIII, las ideas ilustradas y liberales comenzaron a extenderse por Europa. En España, el liberalismo apareció de manera más tardía y estuvo muy condicionado por la invasión napoleónica. La Guerra de Independencia supuso el inicio de la crisis del Antiguo Régimen y el enfrentamiento entre absolutismo y liberalismo, marcando el comienzo de la transformación política de España durante el siglo XIX.
El camino hacia la Guerra de Independencia
Durante el reinado de Carlos IV, España mantuvo una política de alianza con Francia dirigida por Manuel Godoy. Tras la Revolución Francesa y la ejecución de Luis XVI, España declaró la guerra a Francia, pero fue derrotada y firmó la Paz de Basilea en 1795. Desde entonces, España quedó subordinada a Francia y enfrentada a Inglaterra. Los Tratados de San Ildefonso y la derrota naval de Trafalgar en 1805 debilitaron gravemente al país. La causa inmediata de la guerra fue el Tratado de Fontainebleau de 1807, que permitió la entrada de tropas francesas en España para conquistar Portugal. Napoleón aprovechó esta situación para ocupar posiciones estratégicas españolas.
El colapso de la monarquía borbónica
En 1808 tuvo lugar el Motín de Aranjuez, provocado por el descontento hacia Godoy. Carlos IV abdicó en su hijo Fernando VII, pero Napoleón reunió a ambos en Bayona y consiguió que renunciaran al trono. Posteriormente nombró rey de España a su hermano José I Bonaparte, quien promulgó el Estatuto de Bayona, una carta otorgada con algunas reformas liberales como la igualdad ante la ley o la libertad de imprenta. Aunque apenas pudo aplicarse debido a la guerra, influyó en el desarrollo posterior del liberalismo español.
Desarrollo y fin del conflicto
La Guerra de Independencia comenzó el 2 de mayo de 1808 con el levantamiento popular de Madrid contra las tropas francesas. En una primera fase, las Juntas Provinciales y la Junta Central Suprema organizaron la resistencia, logrando la importante victoria de Bailén, primera gran derrota de Napoleón en Europa. Como consecuencia, José I abandonó temporalmente Madrid. Posteriormente, Napoleón intervino personalmente y ocupó gran parte del territorio español, quedando Cádiz como principal foco de resistencia.
A partir de 1809 destacó la actuación de las guerrillas, grupos armados formados por civiles, campesinos y soldados que atacaban continuamente al ejército francés aprovechando su conocimiento del terreno. Desde 1812, la retirada de tropas francesas hacia Rusia permitió el avance de las fuerzas hispano-británicas dirigidas por Wellington, que derrotaron definitivamente a los franceses en batallas como Arapiles, Vitoria y San Marcial. En 1813 Napoleón reconoció a Fernando VII como rey mediante el Tratado de Valançay.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Durante la Guerra de Independencia, mientras gran parte de la población luchaba contra la ocupación francesa, un grupo de ilustrados y liberales impulsó una profunda transformación política basada en los principios del liberalismo. Este proceso culminó en la creación de las Cortes de Cádiz y en la aprobación de la Constitución de 1812, primera constitución española.
La labor legislativa
Tras la salida de la familia real en 1808 se formaron Juntas Provinciales de Defensa para organizar la resistencia frente a los franceses. Posteriormente se creó la Junta Central Suprema, presidida por Floridablanca, que asumió el gobierno del país y se trasladó finalmente a Cádiz, única gran ciudad libre de la ocupación francesa. Allí, debido a la presión popular, se convocaron Cortes con el objetivo de reorganizar políticamente España.
Las Cortes comenzaron sus sesiones en 1810 y estuvieron dominadas por diputados liberales. Dentro de las Cortes existían tres grandes tendencias:
- Liberales: partidarios de reformas profundas y de la soberanía nacional.
- Jovellanistas: defensores de una monarquía moderada inspirada en el modelo británico.
- Absolutistas: que deseaban restaurar plenamente la monarquía absoluta.
La Pepa: Símbolo del liberalismo
El resultado más importante fue la Constitución de 1812, aprobada el 19 de marzo y conocida popularmente como “La Pepa”. Esta establecía la soberanía nacional, la división de poderes y el sufragio universal masculino indirecto. Además, recogía derechos individuales como la igualdad ante la ley y la libertad de imprenta. Junto a la Constitución, las Cortes aprobaron reformas fundamentales para acabar con el Antiguo Régimen, como la abolición de los señoríos jurisdiccionales y la liberalización económica.
El Reinado de Fernando VII: Absolutismo frente a Liberalismo
El reinado de Fernando VII estuvo marcado por el enfrentamiento constante entre absolutismo y liberalismo. Tras su regreso en 1814, abolió la Constitución de 1812 y restauró el absolutismo, iniciando el Sexenio Absolutista. La oposición liberal organizó numerosos pronunciamientos hasta que en 1820 triunfó el dirigido por el coronel Riego, dando paso al Trienio Liberal.
En 1823, la intervención de la Santa Alianza (los Cien Mil Hijos de San Luis) devolvió el poder absoluto al rey, iniciando la Década Ominosa. El conflicto sucesorio derivado de la Pragmática Sanción dividió al país entre carlistas (absolutistas) e isabelinos (liberales), conflicto que marcaría el devenir político del siglo XIX.
Las Regencias y la Consolidación del Estado Liberal
La muerte de Fernando VII en 1833 abrió una nueva etapa marcada por las regencias de María Cristina y Espartero. Durante este periodo se consolidó definitivamente el liberalismo en España mediante una revolución política y social.
- Primera Guerra Carlista: Conflicto entre carlistas e isabelinos que terminó en 1839 con el Convenio de Vergara.
- Corrientes liberales: Moderados (soberanía compartida) frente a Progresistas (soberanía nacional).
- Reformas clave: Desamortización de Mendizábal, supresión del régimen señorial y la Constitución de 1837.
A pesar de la inestabilidad política y los pronunciamientos militares, el liberalismo logró imponerse sobre el absolutismo, sentando las bases del sistema político que dominaría el reinado de Isabel II.
