Marx y Bakunin: diferencias filosófico-políticas
Las diferencias entre Karl Marx y Mijaíl Bakunin se centran principalmente en la concepción del Estado, la organización revolucionaria y el modelo económico, y dieron lugar a una ruptura decisiva dentro del socialismo del siglo XIX.
Estado
Respecto al Estado, Marx defendía que el Estado debía ser utilizado de manera transitoria por la clase obrera tras la revolución. Esta etapa, conocida como dictadura del proletariado, permitiría consolidar el socialismo hasta la desaparición final del propio Estado. Bakunin rechazaba radicalmente esta idea, sosteniendo que todo Estado, incluso el dirigido por obreros, es intrínsecamente opresivo. Para él, la libertad solo podía alcanzarse mediante la destrucción inmediata del Estado y de toda autoridad centralizada, considerando la propuesta marxista como una forma encubierta de totalitarismo.
Papel de la clase obrera y organización
En cuanto al papel de la clase obrera y la organización, Marx otorgaba un papel central al partido comunista como vanguardia política encargada de dirigir a la clase trabajadora hacia la toma del poder. La organización política y la disciplina eran, para él, condiciones indispensables de la revolución. Bakunin, por el contrario, desconfiaba de cualquier vanguardia intelectual o política y defendía la acción autónoma del pueblo. Propugnaba una organización descentralizada basada en federaciones libres, asambleas populares y autogestión, sin jerarquías ni partidos dirigentes.
Economía y propiedad
En el ámbito de la economía y la propiedad, ambos coincidían en su crítica al capitalismo, pero discrepaban en la forma de superarlo. Marx defendía la nacionalización de los medios de producción y una economía planificada bajo el control del Estado proletario. Bakunin, en cambio, proponía la colectivización de los medios de producción gestionados directamente por trabajadores y comunidades, sin mediación estatal, dentro de una estructura federativa.
Primera Internacional y ruptura
Estas diferencias se manifestaron con especial intensidad en la Primera Internacional, donde marxistas y bakuninistas entraron en un conflicto irreconciliable. Marx buscó orientar la Internacional hacia una estrategia centralizada y estatal, mientras que Bakunin defendió una línea abiertamente antiautoritaria. El enfrentamiento culminó en el Congreso de La Haya (1872), con la expulsión de Bakunin y sus seguidores.
Obras y críticas
Bakunin plasmó su crítica en El Estado y la Anarquía, donde acusó a Marx de no comprender que el poder estatal corrompe inevitablemente a quienes lo ejercen, generando una nueva élite dominante incluso en nombre del socialismo.
Conclusión
En conclusión, aunque Marx y Bakunin compartieron el objetivo de una revolución social y la superación del capitalismo, mantuvieron posiciones opuestas sobre el Estado, la organización política y la libertad. Esta ruptura marcó una división histórica entre marxismo y anarquismo que influyó decisivamente en el desarrollo del pensamiento y de los movimientos revolucionarios posteriores.
Montesquieu
Montesquieu desarrolló un pensamiento jurídico-político influido por sus viajes por Europa, especialmente por Inglaterra, donde admiró el parlamentarismo. Su obra combina análisis histórico, político y científico, y se refleja principalmente en El espíritu de las leyes (1748), en la que busca explicar las causas y efectos de las leyes a través de un método empírico y comparado, anticipando la ciencia del derecho moderno.
Montesquieu sostiene que las leyes derivan tanto de la naturaleza como de las circunstancias histórico-sociales de cada pueblo, considerando que no pueden ser uniformes para todas las regiones, pues factores como el clima, la geografía y la tradición influyen en su creación. Para él, las leyes humanas son expresión del grado de libertad de una sociedad, y los juristas deben analizarlas para promover el bienestar y la libertad ciudadana.
En cuanto a la teoría de los gobiernos, distingue tres formas: despótico, monárquico y republicano. La monarquía moderada, basada en la separación de poderes, es la forma ideal, mientras que el despotismo representa su degeneración. La república puede ser democrática, con el pueblo ejerciendo colectivamente el poder soberano, o aristocrática, limitada a un grupo reducido, siendo más perfecta cuanto más se acerque a la democracia.
Montesquieu propone una clara separación de poderes:
- Legislativo: compuesto por dos cámaras, una nobiliaria y otra popular, inspiradas en el modelo inglés.
- Judicial: integrado por ciudadanos elegidos por sorteo temporalmente, independientes del estamento social, encargados solo de aplicar la ley de manera literal, sin crear derecho.
- Contrapoderes: la iglesia, el ejército y la sociedad actúan como frenos al poder del monarca.
Su filosofía política se opone al absolutismo y al modelo hobbesiano de concentración de poder, defendiendo un Estado limitado que garantice la libertad y el bienestar de los ciudadanos mediante un equilibrio institucional. En resumen, Montesquieu sienta las bases del liberalismo constitucional, de la división de poderes y de un gobierno que respete la libertad dentro de un marco histórico y social determinado.
Diferencias entre Hobbes y Locke
Hobbes y Locke presentan visiones contrapuestas sobre la naturaleza humana y el Estado. Hobbes sostiene que el ser humano es antisocial y competitivo por naturaleza, viviendo en un estado de guerra de todos contra todos, mientras que Locke considera que el estado de naturaleza es relativamente armonioso y regido por derechos naturales como la libertad, la propiedad y la igualdad.
Respecto al Estado, Hobbes defiende un soberano absoluto que concentre todo el poder para garantizar la seguridad y la paz, sin derecho a rebelión; Locke, en cambio, plantea un Estado limitado cuyo fin es proteger los derechos naturales, y frente a su incumplimiento, los ciudadanos tienen derecho a la resistencia.
En cuanto al contrato social, Hobbes lo concibe como un pacto de cesión de derechos a favor del soberano, mientras que Locke lo entiende como un acuerdo condicionado al respeto de los derechos naturales. Jurídicamente, Hobbes defiende un poder centralizado y absoluto, identificando la justicia con la voluntad del soberano; Locke apuesta por la separación de poderes, la monarquía constitucional y la primacía del interés público.
En la jerarquía de valores, Hobbes prioriza la seguridad, luego la propiedad y finalmente la libertad; Locke coloca la libertad en primer lugar, seguida de la propiedad y la seguridad. En conclusión, Hobbes justifica un Estado fuerte y absoluto como garante de orden, mientras que Locke sienta las bases del liberalismo, defendiendo un Estado limitado, garante de derechos y controlado por los ciudadanos.
Tres esferas de conocimiento de Thomasius
Thomasius, en su obra Fundamentos de derecho natural y de gentes (1705), seculariza el derecho y distingue tres esferas del comportamiento humano para separar moral y derecho:
Honestum: esfera de la moralidad privada y la religión; obligaciones internas autónomas que buscan la paz interior.
Justum: esfera del derecho; normas externas, coactivas y heterónomas, cuyo objetivo es la paz pública.
Decorum: esfera de la moralidad social; reglas externas del trato social, no coactivas ni sancionadas formalmente, orientadas a la convivencia.
Esta clasificación defiende que el derecho no debe intervenir en la moral privada, evitando el paternalismo jurídico y protegiendo la libertad individual y de creencias.
