Teorías de Piaget y Vygotsky sobre el lenguaje y el desarrollo cognitivo en la infancia


Piaget: un profundo aporte al campo de la psicología

El lenguaje ha sido estudiado por la psicología desde diversas teorías, las cuales presentan miradas distintas sobre este mismo objeto de estudio. El lenguaje está influenciado por el medio ambiente en el que se encuentra inmersa la persona.

Piaget (1896–1980)

Piaget cree que el pensamiento precede al lenguaje. Sostiene que la capacidad del ser humano para pensar influye en el lenguaje. El pensamiento procede de la acción del sujeto sobre los objetos que lo rodean. El lenguaje es una de las formas de expresar el pensamiento derivado de la acción.

Piaget indica que el grado de asimilación del lenguaje por parte del niño depende, hasta cierto punto, de las acciones mentales que realiza; es decir, depende de que el niño piense, comprenda preconceptos, realice operaciones concretas y, posteriormente, operaciones formales. Él afirma que con la aparición del lenguaje las conductas se modifican profundamente: el niño es capaz de reconstruir sus acciones pasadas bajo la forma del relato y de anticipar sus acciones futuras mediante la representación verbal.

El lenguaje puede ser un indicador erróneo del nivel de comprensión del niño, ya que existe una lógica en las acciones del niño que sus formulaciones verbales no manifiestan necesariamente. El lenguaje cumple, además, el papel de una función más general relacionada con la función simbólica.

Origen del lenguaje y etapa sensorio-motriz

Piaget afirma que hay que buscar el origen del lenguaje en la evolución de la conducta sensorio-motriz. Esta se caracteriza por el desarrollo de los movimientos: los reflejos innatos pasan a ser acciones voluntarias que permiten al niño dirigir sus actividades hacia objetos determinados. Una vez adquiridas estas habilidades surge la etapa preoperatoria, que abarca hasta los siete años. La adquisición del lenguaje es el acontecimiento más importante de este periodo.

Grandes aportes de Piaget

Fue él quien explicó cómo los sujetos se desarrollan a partir de reflejos innatos pasando por distintos estadios del desarrollo. Esta teoría ha sido denominada psicología genética y estudia el origen y desarrollo de las capacidades cognitivas a partir de su base orgánica, biológica o genética, señalando que cada individuo se desarrolla a su propio ritmo.

Piaget habla de una serie de cuatro estadios cada vez más complejos que se suceden progresivamente y en forma secuencial, siempre en el mismo orden. Se interesó por lo epistemológico: quería saber cómo conoce el ser humano, cómo transita por niveles de conocimiento cada vez más complejos y cómo accede a la producción simbólica. Sus investigaciones constituyeron un enorme aporte al campo de la psicología.

En cada uno de estos periodos nuestras operaciones mentales adquieren una estructura diferente y más compleja, que determina cómo vemos el mundo. De las observaciones sobre el desarrollo del niño sacó como conclusión que:

Asimilación y acomodación

Para explicar cómo se pasa de un estadio al siguiente, Piaget habla de dos procesos denominados asimilación y acomodación, que son necesarios para la adaptación del individuo a su entorno:

  • Asimilación: proceso mediante el cual el organismo incorpora información al interior de sus estructuras cognitivas, con el fin de ajustar lo nuevo al conocimiento previo que posee. Es decir, el individuo interpreta el ambiente conforme a su organización actual.
  • Acomodación: ajuste de las estructuras cognitivas del organismo ante experiencias nuevas; implica una modificación de la organización como respuesta a las demandas del medio. Es un comportamiento inteligente que incorpora la experiencia de las acciones para lograr su desarrollo.

La adaptación se logra a partir de la combinación de la asimilación y la acomodación.

Los componentes biológicos determinan los logros que el niño puede alcanzar en su interacción con el medio ambiente. Sabemos, por ejemplo, que un niño que viene al mundo con alguna patología orgánica tendrá limitaciones que influirán en su desarrollo.

Dimensión temporal del desarrollo: estructura y génesis

Piaget habló de estructura y génesis, estableciendo que existe entre ellas una relación de mutua dependencia. Su interés se basó en tratar de entender la génesis del conocimiento, es decir, cómo se pasa de un estado de menor conocimiento a uno de mayor conocimiento. Establece también que desde el nacimiento poseemos una estructura muy sencilla aportada por el sustrato biológico con el que nacemos. Posteriormente, esta estructura se va complejizando a partir de la interacción del niño con su medio ambiente.

Las características de los estadios descritos por él son las siguientes:

  • Cada uno de ellos tiene un comienzo y un final claramente definidos.
  • Poseen un orden de sucesión establecido: los estadios nuevos se apoyan sobre los anteriores.
  • Se van complejizando con el tiempo.
  • El contexto en el cual se encuentra insertado el sujeto puede acelerar o retardar la aparición de estos estadios.

Continuidad y cambio

¿Cómo se pasa de un estadio a otro? Los seres humanos tienen una estructura de pensamiento que posee cierta continuidad y que cambia y evoluciona como fruto de la interacción con el medio ambiente. Esta estructura cambia cuando se genera una situación de desequilibrio cognitivo, que constituye el motor del aprendizaje: de este modo se pasa de un estadio a otro. En la búsqueda de una solución, la persona construye respuestas, se plantea interrogantes, investiga y descubre hasta llegar al conocimiento que restablece el equilibrio.

Ejemplo de desequilibrio: un niño llora porque tiene hambre y deja de llorar cuando le dan de comer. La actividad desencadenada fue el llanto; la necesidad que lo provocó fue la falta de alimento. En su organismo había un desequilibrio por carencia nutricional; comer recupera el equilibrio perdido. Hay que decir que el equilibrio no sólo se refiere a cuestiones orgánicas, sino también a factores psicológicos y afectivos: por ejemplo, puede ocurrir que el niño llore porque necesita ser acariciado.

Cada vez que un desequilibrio se presenta, el niño se ve en la necesidad de asimilar la situación que produjo el cambio para poder acomodar sus estructuras cognitivas en forma cada vez más estable y, con ello, consolidar el equilibrio mental. De este modo, él sabrá la próxima vez que sienta hambre o la necesidad de compañía. En el caso de que un niño descubra fortuitamente que tirando de una mantita puede alcanzar un objeto que se encuentra sobre ella, asimila esta acción.

Organización y adaptación

Piaget sostiene que los organismos humanos comparten dos funciones invariantes: organización y adaptación. La asimilación es la manera en que un organismo se enfrenta a un estímulo del entorno de acuerdo con su organización actual, mientras que la acomodación implica una modificación de esa organización como respuesta a las demandas del medio.

El pensamiento es concebido como un desarrollo progresivo cuyo alcance es lograr cierto equilibrio en la edad adulta. Esa equilibración progresiva se va modificando continuamente debido a las actividades que el sujeto realiza y se amplía de acuerdo con la edad; de este modo, el desarrollo cognitivo sufre modificaciones que le permiten consolidarse cada vez más y adquirir una mayor organización.

Etapas según Piaget

Piaget hace referencia a una serie de etapas o períodos que marcan una progresiva evolución del psiquismo del niño:

Período sensorio-motor

Este período va desde el nacimiento hasta los dos años. En esta etapa, los niños conocen el universo que los rodea a través de sus percepciones y movimientos. El lenguaje y el pensamiento se sitúan como algo intermedio entre la percepción y la acción; el mundo se presenta como exterior al propio sujeto. El reflejo de succión es central en esta etapa. El juego es de ejercitación: la repetición de acciones permitirá más adelante entender que tanto los objetos como las personas pueden aparecer o desaparecer. Esto es un indicador de evolución mental.

El nacimiento del proceso simbólico

El juego Fort-Da da cuenta del momento en que el niño se vuelve capaz de simular, mediante el juego, la ausencia o la presencia de la madre. Freud describió que su nieto de 18 meses arrojaba al otro extremo de la habitación todo lo que caía en sus manos. Al lanzar esos pequeños objetos decía «¡fort!»; en otras ocasiones mandaba a lo lejos un carrete atado a una cuerda y después lo tiraba hacia sí diciendo «¡da!». Con este juego el niño inventaba un símbolo relacionado con la ausencia de la madre: el objeto sustituto representaba a la madre ausente.

La simbolización surge de este juego; el proceso intelectual aparece a su vez como la capacidad de representar la negación. En la base del proceso lógico tenemos el juicio de atribución y el juicio de existencia: ambos derivan de la distinción entre exterior e interior. Una vez que el sujeto pudo definir lo interior, el juicio de existencia se expresa así: «esto es yo y esto otro no es yo». En el juicio de atribución, el yo puede experimentar por la percepción la realidad del mundo exterior: hay cosas que existen y otras que no.

Período preoperatorio

Al finalizar el período sensorio-motor aparece algo fundamental en la evolución humana: el lenguaje. El niño se vuelve capaz de representar algo a través de la palabra. Hacia los cuatro o cinco años se complejiza la relación con el grupo de pares en la escuela. Aparece el juego simbólico, ausente en el período anterior. Un niño, subido a un palo de escoba, puede representar que es una madre que cuida a su muñeca, imitando a su propia madre.

Período de las operaciones concretas

Entre los siete y los once años, el niño comienza a participar en juegos reglados, lo cual indica que es capaz de aceptar reglas universales. Este tipo de juego permite desarrollar la competitividad respetando las diferencias y aceptando la frustración que se vive al jugar, puesto que se puede ganar o perder.

Período de las operaciones formales

Entre los once y los quince años aparece la capacidad mental de realizar abstracciones, es decir, pensamientos hipotéticos o imaginados sobre algo. Surgen los juegos de ingenio y estrategia.

Vygotsky (1896–1934)

Lev Vygotsky plantea que pensamiento y lenguaje están estrechamente ligados y se desarrollan en una interrelación dialéctica. Las estructuras del habla se convierten en estructuras básicas del pensamiento debido a la importancia que tiene la actividad lingüística en la realización de las funciones psíquicas superiores.

El planteamiento de Vygotsky es opuesto a la concepción piagetiana en varios aspectos: él plantea el desarrollo del niño desde una perspectiva que va de lo social a lo individual; así, la primera función del lenguaje es la comunicación y el contacto social. El pensamiento pasa por diferentes fases antes de ser formulado en palabras: hay lenguaje interno y lenguaje externo. Dichos lenguajes forman una unidad aunque cada uno se rige por sus propias leyes, constituyendo procesos que se transforman uno en otro. En su planteamiento, el lenguaje interno parte del habla y se transforma en pensamiento, mientras que en el lenguaje externo es el pensamiento el que se convierte en habla.

Para Vygotsky, lenguaje y pensamiento son cosas diferentes que confluyen en un momento determinado. Por lo tanto, la relación entre pensamiento y palabra no es constante e inmutable, sino dinámica: es un proceso vivo. El lenguaje está particularmente ligado al pensamiento; entre ellos no hay una relación de paralelismo exacto como a veces piensan algunos lógicos o lingüistas que buscan equivalentes precisos entre unidades lingüísticas y contenidos del pensamiento. Al contrario, el pensamiento tiene una naturaleza lingüística y el lenguaje es instrumento del pensamiento. Además, fuertes lazos unen al lenguaje con la memoria.

ADD

ADD (en el texto se menciona como una forma actual de nombrar el malestar) es una manera contemporánea de etiquetar ciertos cuadros conductuales. Esta forma de nombrar el malestar, prefiriendo identificarlo mediante una nomenclatura psiquiátrica que desde el discurso del saber ofrece certezas y respuestas precisas —estableciendo qué hay que hacer y sin dar espacio a la pregunta—, lejos de constituirse en un modo operativo de acotar el malestar existente, puede potenciar el conflicto entre pulsión y cultura.

Consideraciones clínicas y educativas

Desde la maestra y desde la madre, muchas veces en el momento de la consulta no aparecen preguntas acerca de qué inquieta, angustia o hace sufrir a un niño. Es necesario valorar el síntoma entendido como el recurso que el sujeto utiliza para defenderse de una realidad que le resulta insoportable. Para que el malestar que Pedro expresa a través de sus síntomas pueda ser escuchado, es necesario que existan referentes que no lo cierren con un sentido preestablecido, sino que lo reciban sin pretender hacerlo desaparecer de inmediato.

La hiperactividad y la falta de atención de Pedro, así como sus crisis de angustia, deben poder ser escuchadas como un enigma, como una pregunta vacía de significación que le permite al sujeto comenzar a trabajar su síntoma.

Nosotros preferimos pensar los síntomas de los niños desde el lugar del enigma, desde el lado de la pregunta, y apostamos a que se establezca un espacio soporte técnico como modalidad de intervención que potencie el despliegue de múltiples interrogantes. Es necesario que los docentes asuman el riesgo de interrogarse sobre el lugar desde el cual hablan: tomar la palabra es un acto de responsabilidad.

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